El debate acerca de las acciones públicas y privadas sigue siendo hoy, más que nunca, un motivo de disputas sociales. Con las nuevas formas de comunicación virtual debemos pensar el uso del celular como una ventana abierta de par en par. Es que, aquellas acciones que aparentan ser parte de la vida privada, en realidad, no lo son en su totalidad.
La realidad es que todo vínculo con nuestros dispositivos es un modo de exposición pública y éste es el paradigma que comienza a surgir después de reconocer que las aplicaciones como: redes sociales, correos electrónicos, medios de pagos online, cámaras fotográficas, etc. tienen un dueño y, con ello, siempre está latente la posibilidad de acceso a los datos que producimos. En definitiva, nuestros movimientos y apariciones en internet tienen que ser pensados siempre desde los riesgos a ser jaqueados y vigilados.
Debemos reconocer que la vigilancia y el acceso a información personal nos convierte en seres mucho más vulnerables. No todo lo que nos ofrecen las nuevas tecnologías son ventajas. Lo que parece fácil y rápido también requiere de nuevos cuidados y más acciones preventivas que muchos van descubriendo a "prueba y error". Es decir, cuando un vecino es víctima de una estafa online o se captura una imagen para extorsionar o ejercer violencia contra otro, como es el caso del cyberbullying (acoso por las redes sociales), podemos reconocer los riesgos a los que nos estamos enfrentando juntamente con la conectividad.
Entonces, como comunidad estamos frente a un nuevo panorama comunicacional. Muy desafiante por cierto y que, a lo largo del tiempo, va a demandar el desarrollo más sólido de una ética para la convivencia online y el reconocimiento de medidas de seguridad como la prohibición del uso del celular en nuevos espacios públicos (o privados) o el incremento de claves de acceso a información personal.