Se torna normal hoy ante la primera señal de triunfo en nuestra vida perder la humildad, olvidarnos de nuestra condición inicial y convertirnos en personas arrogantes. Aunque también es muy normal ver cómo esa arrogancia se puede convertir muy rápidamente en nuestra vergüenza. Un antiguo proverbio nos advierte que: "la sabiduría solo vive con los modestos". Debemos recordar que como vecinos somos reconocidos por nuestras cualidades personales y la nobleza del alma vale más que cualquier argumento o palabra bien empleada.