Debilitando al débil

Por Lic. Franco Roggero

En la vida comunitaria, quizás, nos ocupemos mucho en que nuestras fortalezas sean conocidas. Y esto paradójicamente no es lo que más nos conviene para sentirnos mejor. Lo que sucede es que comunmente aun siendo débiles nos seguimos sintiendo con suficiente fuerza y puede que nos tomemos de ello para dar la idea de que somos más de lo que pensamos. Créame que esto es muy común entre nosotros, al menos para mí.
Semanas atrás escuché una enseñanza acerca de este tema. Recuerdo la siguiente frase: "deberíamos demostrar más nuestra debilidad porque es justamente esa debilidad la puerta de acceso para comenzar a vivir con gratitud. Por esto es preferible estar como moribundo, antes que estar débil, si tenemos en cuenta que la debilidad aun nos lleva a disimular algo que no tenemos", dijo el orador. Inmediatamente recordé como me cuesta decir: "me rindo...".

Sin embargo, cuando menos lo imaginemos, nos daremos cuenta que muchos de nosotros hemos pasado gran parte de la vida sin darnos por vencidos. Y aunque parezca una contradicción, deberíamos considerar muy seriamente que el lugar más glorioso en el que podríamos estar, paradójicamente, es el lugar más bajo, en el más despreciado por la gente, porque es allí donde finalmente se nos abren los ojos y podemos ver con claridad aquello que somos y lo que necesitamos en verdad.