Solo somos lo que creemos ser

Por Lic. Franco Roggero

Nuestra creencia es la base de todas nuestras conductas, es el fundamento sobre el que se justifican nuestros comportamientos cotidianos.
La creencia personal es la que da conforma a los valores, todas las personas en el mundo ordenamos nuestra vida de acuerdo a las prioridades que la creencia nos otorga.
Si bien la creencia puede originarse por las acciones, o viceversa, existen entre nosotros vivencias personales, únicas e irrepetibles que configuran lo que debemos creer y éstas se materializan en los hechos prácticos de cada día. A través de nuestras creencias podemos analizar nuestra forma de mirar el mundo y la de los que nos rodean.
Considero, estimado lector, de vital utilidad que usted pueda identificar que detrás de cada acción existe una creencia que la origina, una forma particular de mirar el mundo, que, por otra parte, debe ser digna de comprensión y de respeto.
Lo importante de esta manera de descubrirnos es que para relacionarnos con las personas debemos saber primeramente que las acciones propias y ajenas no son decisiones sueltas que se producen por el mero hecho de que somos diferentes y que a veces nos resultan inexplicables e incomprensibles. El emprender una relación afectiva, comercial o simplemente de cortesía tiene que ver primeramente con la capacidad de involucrarnos al conjunto de creencias de la otra persona y saber adaptarnos a ellas sin necesariamente abandonar nuestros principios éticos y morales.
La creencia tiene mucho que ver más con el "hacer" que con el "decir", ya que nosotros somos, ante todo, lo que creemos ser y desde este punto inicial desarrollamos nuestra vida pública y privada.

Me refiero a este tema para que aprendas a cuidarte de ti mismo sabiendo primeramente que tu sistema de creencias es el que domina todas tus acciones. El gran error de muchos padres a educar a sus hijos es que no saben gobernarse a sí mismos y, como mencioné en otras ocasiones, nuestra vida expresa mucho más que nuestras palabras. Un poderoso gobernante israelita escribió hace miles de años: "mejor es el que domina su espíritu que el que toma una ciudad".
Podríamos comenzar por reconocer que es para nosotros mucho más fácil calificar lo ajeno que lo propio y este fue siempre para mí el primer gran error, pues lo que no vemos es paradójicamente lo más íntimo de nuestro ser.
Sin embargo, si tan solo somos capaces de saber que nuestras creencias repercuten en nuestras acciones podremos al menos entender con mayor claridad a los hechos que nos rodean y conocer por qué razón las personas hacemos lo que hacemos. Así que si debemos edificarnos hagámoslo desde nuestras creencias, teniendo en cuenta que nuestros hechos son el fruto de nuestra forma de mirar el mundo.