La preocupación es la expresión más vigente en todo el ecosistema mediático en el que vivimos. Sin duda que la crisis del modelo político, económico y social hace que la queja deba repetirse en cada encuentro con nuestros vecinos. Sin embargo, si vamos al fondo del problema, observaremos que muchas de las preocupaciones vigentes son generadas por prioridades carentes de objetividad. El escritor estadounidense Kurt Vonnegut se refiere a este fenómeno diciendo lo siguiente: "la verdad es que sabemos muy poco sobre la vida, realmente no sabemos cuáles son las buenas y las malas noticias", refiriéndose a que, en cualquier momento, las buenas noticias pueden convertirse en malas y viceversa, ya que cada situación contiene la semilla opuesta. Aun así, la mayoría de nosotros no puede evitar pensar en términos de pérdida y ganancia, de bueno o de malo. Destaco en esta editorial el pensamiento de Vonnegut porque la ansiedad moderna de muchos de nuestros conciudadanos se sustenta, fundamentalmente, en preocupaciones por cosas que jamás sucederán.
Mi invitación es a prestar atención a nuestras preocupaciones, fruto de las ansiedades que caracterizan a una época, la cual, si bien es parte de una realidad material, en una gran medida es también imaginada.