Cuando el orgullo toca nuestro corazón

Por Lic. Franco J. Roggero

Uzías fue un destacado líder político en el Mundo Antiguo. Su historia es llamativa porque llegó al poder a los 16 años, como sustituto de su padre. Como suele ocurrir con los hijos de los famosos, algunos de ellos pueden correr con alguna ventaja. Sin embargo, no fue el caso de Uzías. Él tuvo la habilidad para imitar todo lo bueno que había tenido su padre como gobernante, fue un poco más allá con sus hechos. Su carrera en el poder duró 52 años, alcanzando grandes metas. La historia antigua dice textualmente que Uzías "hizo lo recto ante los ojos de Dios". Entre numerosos logros políticos, derribó murallas, edificó ciudades, combatió cuando por entonces se pelaba por una causa justa. Su fama se había divulgado por todo el mundo árabe y egipcio. Realizó un amplio aporte a la economía regional en tierras desérticas de Oriente Medio con un novedoso desarrollo de cisternas para animales. Levantó majestuosas torres en las ciudades importantes, que fueron valiosas acciones en materia de seguridad y belleza. Asimismo, fue un destacado productor rural. Logró tener a su cargo una gran cantidad de labradores y viñadores en regiones montañosas y en los campos fértiles cercanos a lo que hoy es la tierra de Palestina. Como siempre esta región fue un lugar de conflictos armados llegó a formar dos poderosos ejércitos para la defensa de Jerusalén. Uno de 2.600 soldados y otro de 307.500 valientes guerreros que contaban con la mejor tecnología que existiera en la época.
Cuenta la historia que, por sus logros e innovación "su fama se extendió hasta muy lejos", pero añade un detalle no menor: "fue ayudado de forma prodigiosa hasta que se hizo muy fuerte". Note que todo iba muy bien "hasta que se hizo muy fuerte". Y, cuando llegó a ser fuerte, su corazón se hizo tan orgulloso que comenzó a obrar corruptamente.
Uzías adoptó un síntoma que es muy común y actual entre todos nosotros: acumular poder e influencia para llevarnos a la ruina. No solo podemos tomar el ejemplo de muchos líderes hoy cuya arrogancia es claramente perceptible, sino que al perder nuestra humildad y el temor a realizar lo bueno, nos creemos habilitados para hacer y decir lo que nos parezca. Esto ocurre cuando nos creemos muy fuertes en determinadas áreas de nuestra vida, lo que nos habilita erróneamente a llenarnos de orgullo y perder el control y el cuidado de nuestra integridad humana.

Un líder mundial como el Papa Francisco, enseñó sobre la importancia de lograr muestras de humildad: "el poder es como tomar ginebra en ayunas: la cabeza te da vueltas, te embriaga, te hacer perder el equilibrio y te lleva a hacerte daño a ti mismo y a los demás", dijo a la prensa. Y todo esto ocurre cuando el orgullo toca nuestro corazón.