Costumbres bien nuestras

Por Lic. Franco Roggero

Mucho de lo que hacemos, decimos y pensamos no es más que el eco de tradiciones
heredadas de la inmigración piamontesa. Muchas de las palabras que usamos, los gestos, las comidas y las labores cotidianas, aunque provinieron de Italia, hoy siguen muy vigentes en la población local.

En nuestro andar cotidiano rara vez recordamos que mucho de lo que hacemos, decimos y pensamos no es más que el eco de costumbres heredadas de nuestros antepasados. Muchas de nuestras palabras, gestos, comidas y labores son parte de aquella sociedad fundada hace más de cien años, desarrollada bajo la impronta de la inmigración, cuya influencia fue y sigue siendo inabarcable.
Las pastas y la pizza, las reuniones familiares de los domingos, los gestos al hablar, la vestimenta, los modos de relacionarse con el otro, el estilo de vida y hasta la manera de trabajar son el registro vivo de nuestra historia. Pero las costumbres italianas en Hernando funcionaron, en un comienzo, como el marco cultural que suavizó el dolor del desarraigo, creando las condiciones más similares posibles a su región de origen.
Con los años, los hijos de aquellos inmigrantes italianos desarrollamos nuestra propia cultura, reaccionando muchas veces contra las normas de nuestros padres y abuelos, pero portando inconscientemente las marcas del proceso inmigratorio.
Esas señas perduran y son de alguna manera el andamiaje actual de nuestra vida cotidiana. No hubo ramo comercial en el que no se advirtiera la presencia italiana: casas de música, bazares, sastrerías, zapaterías, inmensas tiendas, relojerías, fondas y boliches, además de los recordados vendedores ambulantes.
Los italianos incorporaron a la vida local su gesticulación. Muchos gestos, exactamente codificados, redondeaban el sentido, completaban una frase o sugerían un matiz de significación.
Es precisamente en nuestro lenguaje como encontramos la actual incidencia de la inmigración piamontesa. Es notable la forma directa, casi brutal y sin embargo muy eficiente con la que se castellaniza la palabra italiana: generalmente la eliminación de las "dobles", "sh" por "sc", "yi" por "gi", "ch" por "cc", agregado de una vocal ("es") para expresar la "s" inicial, vocal que se suprime casi siempre al final, a la manera de los dialectos del Norte de Italia.
Los verbos "secar", "estufar", "escochar" vienen de los italianos "seccare", "stufare" e "scocciare", y son de uso frecuente. Quizás la palabra más usada del inmigrante hoy en Hernando sea "chau", la cual utilizamos siempre para saludar, cuya construcción previa fue "ciao". Sin ir más lejos, la palabra "fiaca", que hoy usamos frecuentemente: viene de "fiacca", mufa: de "muffa", y laburo de "lavorare".

A pesar de que creemos que el piamontés ya no se habla en las calles de Hernando, muchos aún dicen "birra" en lugar de "cerveza", "laburar" en lugar de "trabajar", "nono" en lugar de "abuelo", "bochar" en lugar de "reprobar", "camorra", "facha" (término italiano que significa "cara"), "gamba" en lugar de "pierna", "pibe o piba" (que significa novato), que se usa para decir "chico" o "chica", "yeta", "covacha", "bardo", "berreta", "busarda", "capo" o "chanta", "cheto", "escabio", "pichicata", "sanata", y tantas otras que son parte de nuestras costumbres.
La lengua del inmigrante dejó un número considerable de vocablos. Entre los hombres y mujeres mayores de setenta años aún no tienen problemas para comunicarse se mencionan palabras tales como: "altro qué", "brunsín", "varda lí", "pelandrún", "ma va", "anduma", "manyar", o "bestiun", que traducidas serían: "mucho", "negro", "mirá ahí", "vago", "andá", "vamos", "comer" y "bestia".

La comida que aún comemos.

Entre las comidas que aún se conservan como parte de nuestra tradición gastronómica italiana tenemos los ravioles, las albóndigas, la pizza, el estofado, la pasta frolla, el pan dulce, la fugazza, la bagna cauda, y la tradicional milanesa, entre otras.
Nuestras familias, al igual que los italianos, no dejamos pasar un domingo sin antes reunirnos toda la familia alrededor de una gran mesa donde se degusta la gastronomía heredada tanto de sus antepasados gauchos como la tradición piamontesa.
Todas estas son hoy costumbres bien nuestras, aunque su origen es muy lejano. Inconscientemente las repetimos a diario y son parte de nuestra cultura, pero pocas veces las reconocemos como tales.