Más allá de ser un medio de comunicación con indiscutidas ventajas para toda la ciudad, las redes en general y los grupos virtuales abren un nuevo debate: ¿lo que buscamos finalmente es llegar a ser más reconocidos?,¿desde qué parámetros estamos construyendo nuestra identidad?, ¿qué grado de credibilidad tiene todo aquello que se publica en ellas?
Un estudio de una universidad europea reveló que las personas que se hacen más cantidad de selfies, son quienes sufren una más baja autoestima.
No es que las redes sociales nos hayan cambiado como personas. Nuestro objetivo no es estigmatizar el uso de estas diversas tecnologías. Deberíamos pensar, en todo caso, que lo que hace la red es intensificar aquello que ya está en nosotros: ¿la necesidad de protagonismo y aceptación, ¿reconocimiento, tal vez?
Como seres relacionales nos resulta necesario estar con otras personas, queremos estar conectados y ser parte de una comunidad lo más grande posible. Compartir mis experiencias parece que le da valor a lo que hago y esto puede entenderse como algo muy humano y que siempre ha estado entre nosotros. Pero hay que reconocer que vos y yo vivimos en un momento histórico en la humanidad, porque las redes nos brindan una nueva plataforma para vivir todo eso que somos, queriendo transformarnos también en celebridades, o sea, en personas conocidas.
De pronto, cuando nos ven en la calle, la gente sabe que somos buenos tocando la batería o elaborando algún tipo de comida. Y esto sí que es realmente revolucionario. Incluso, en algunos casos, lo que se hace en internet no es tan distante a la vida real.
En el marco de este cambio, del que somos parte, se destacan muchos beneficios, pero también nuevos problemas. Uno de ellos fue denunciado por el ex administrativo de la empresa Facebook, Sandy Parakilas, quien decidió salirse de esa red argumentando lo siguiente: "las redes sociales están desgarrando a la sociedad. No puedo controlar a Facebook, pero sí puedo controlar mi decisión que es no usar esa (insulto)". No obstante, declaró que "no puede salirse del todo de las redes, pero sí trata de usarlas lo menos posible".
Sean Parker, quien fue el primer presidente de Facebook, también decidió abandona la red social y explicó sus razones: "Facebook explota una vulnerabilidad en psicología humana, al crear algo que le llaman: Ciclo de Retroalimentación de Validación Social", que, de manera práctica, significa lo siguiente: tu compartes una foto y esperas para ver lo que la gente va a comentar o darle "Me gusta", y eso genera una adicción a lo que estás compartiendo, produciendo un ciclo de necesidad de aceptación social.
Lo que sigue diciendo Parker en un artículo es lo siguiente: "yo mismo (y el creador de Instagram) lo sabíamos y aun así lo hicimos. Esto lo diseñamos para generar una adicción. Es la manera que tenemos para que la gente se mantenga utilizándola". Y esa es una manera intencional para presionar con el fin de que vos estés allí y la pongas en actividad.
Cenando con la mujer de mi vida.
Para dimensionar otra característica de la información que consumimos y producimos, imagina la siguiente escena: sales con tu pareja a cenar y tomas una selfie en el restaurante, colocando la frase "celebrando con la mujer de mi vida y mi mejor amiga", y lo compartes en todas tus redes disponibles. Y, solo algunos minutos después, los dos se ponen a discutir por algún motivo. ¿Te imaginas qué pasaría si también lo publicas?
Entonces ¿qué grado de credibilidad tiene aquello que lees, miras y escuchas detrás de nuestras pantallas?
Por lo general, lo que ves de tus amigos, de estas nuevas celebridades, no son exactamente sus momentos reales, son tan solo selecciones de aquello que ellos quieren que sepas, al punto de que éstos pueden, incluso, ni si quiera ser ciertos. Existen redes que se usan bajo esta lógica que, por lo general, produce frustración porque casi siempre te comparas con lo mejor del otro y muchas veces tu realidad es muy distinta a lo que existe en ese círculo informativo.
No debemos sorprendernos, entonces, de los estudios realizados por muchas universidades del mundo que demuestran que el consumo reiterado de redes sociales genera sentimientos de frustración y depresión, porque nos equiparamos con otros y otras de una manera injusta.
Puede que con ello caigamos en una desvalorización de quienes somos y en la pérdida de autenticidad de nuestros logros, no por lo que hacemos o mostramos con nuestras publicaciones, sino por quienes somos en realidad y cuáles son nuestros problemas materiales que se encuentran mucho más allá de nuestras apariciones públicas.
La pregunta, entonces, es la siguiente: ¿dónde estás construyendo tu identidad?, ¿bajo qué parámetros
?
Los esfuerzos por construir nuestro carácter fueron sustituidos por el esfuerzo a impresionar a los demás. Esto es muy común en comunidades como la nuestra, bajo este mecanismo perverso: "lo importante no es como estoy, lo que importa es lo que otros piensen que soy".
Por eso estamos viviendo días muy difíciles, en donde muchos dicen sentir un vacío existencial, un permanente desencanto. Hasta que se llega a un punto en el que no se puede más, que es hora de "salir".
Con esto no significa, como algunos todavía piensan, que solo encontramos cosas negativas en las redes, pero sí que no nos debemos dejar enredar por ellas.
Las posibilidades que encontramos.
Personas que nacieron en otras épocas podrían pensar que las redes estas son solo basura. Además, hay quienes opinan que es mejor casi ni usarlas porque solo hay peligros. Pero no necesariamente debemos ir hacia esa dirección. No podemos negar que ellas ofrecen grandes posibilidades para nuestros vecinos y vecinas a nivel local y global.
Sin ir más lejos, el hecho de tener contacto con mucha gente del otro lado del mundo es una gran ventaja. Es verdad que pueden darse relaciones superficiales, pero al menos es una forma de relacionarnos.
Los beneficios pueden ser muy numerosos. Por ejemplo, en materia de educación, permitiendo el acceso a mayor conocimiento a muchas personas que nunca tuvieron la oportunidad de estudiar y trabajar sin casi invertir dinero, a través de canales virtuales.
Las redes, sin ir más lejos, nos presentan una oportunidad histórica de llegar como ciudad a los confines más insólitos del planeta, donde nunca soñamos, ni si quiera, que podríamos estar.