La trama secreta

Por Lic. Franco Roggero

Todo lo que envuelve al negocio de la droga resulta ser una cultura en sí misma, una conquista silenciosa que sigue la lógica de la sociedad de consumo. A medida que se incrementa su presencia en la ciudad, se perciben nuevos mecanismos de persuasión para lograr más vías de acceso.
Mientras tanto, en la entrevista con su médico los chicos, al comenzar un tratamiento de rehabilitación, dicen: "¡fumarse un porro es como tomarse un Rivotril!".

"De a poco fui convencido de que fumar no estaba tan mal. Al principio lo veía como algo totalmente imposible, pero me empecé a juntar con pibes que me empezaron a hablar de otra forma sobre el pucho. Nunca creí, en el fondo, que fuese algo bueno. Siempre pensé igual. Pero sus ideas comenzaron sonar mucho más atractivas. Al cabo de algunos meses mi postura comenzó a desmoronarse, comencé a ceder, a darle lugar. Comencé probando, controlando toda la situación. Y de repente me termine creyendo la historia".
Esta es una transcipción de la declaración textual de un joven adicto.
La droga no es sólo un conjunto de sensaciones placenteras. Cuando comienzas a consumir ingresas a un mundo paralelo con códigos propios de convivencia, en donde todo gira alrededor del consumo. La conciencia se rinde ante sus efectos. Como el sistema solar, que gira en torno al sol. Así todo lo que somos y sentimos, la manera en que pensamos, se ve afectado por una sustancia. Lo mismo que ocurre con otras adicciones: la pornográfica, el juego o el dinero. Se convierte en un prisma. Un prisma es un cuerpo geométrico de cristal que se usa en óptica para reflejar, refractar o descomponer la luz. En otras palabras, es el lugar desde donde se nos proyecta la realidad.
Estos tipos de consumos de moda van tejiendo una comunidad cultural en sí misma, de la que todos somos parte. Aunque no todos tenemos pleno acceso a ella, de algún modo somos partícipes.
Muy atrás quedo el modo en el pensábamos años atrás, se ha perdido en gran escala el temor a consumir. Podría llegar la hora en la que todos cantemos al unísono, como alienados, la canción del Indio (por el Indio Solari). Verdaderamente el infierno se ha vuelto encantador.
El hecho de que el consumo sea cada vez más generalizado es una señal de que la comunidad THC (prolegalización de la marihuana) se va consolidando en la sociedad y su impacto cultural es cada vez mayor, incluso en el contexto local. Es decir, el incremento de la cultura THC hace que, al menos, para muchos hernandenses, el porro parezca, en principio, menos grave que hace diez años atrás. Mientras que para las personas con adicciones es ya su única manera para sobrevivir, no hay otro camino.

Lo que antes era un problema de una minoría hoy es la realidad cotidiana de mucha más gente y, con ello, se consolida un inevitable impacto sobre la cultura, sobre el medio ambiente común que todos habitamos. De allí que en algunos ámbitos se hable sobre la legalización de modo positivo, y ya no exista la posibilidad de abordarlo como un drama, sino más bien solo como un derecho, un tema de "libertades".
Y créame que nadie queda ileso de estos giros ideológicos porque son en sí mismos agentes culturales. Es decir, si cada vez hay más personas involucradas en el drama de la adicción, y se generan más espacios para su promoción, también hay más posibilidades de que crezca su influencia en la vida de muchos/as más jóvenes. De algún modo se relativiza la lucha, se abandona. Pero el consumidor no es sólo una víctima en todo esto. Se ha convertido, directa o indirectamente, en un militante activo de "sus derechos". De allí su interés por la propaganda política de la legalización.
Lo que se presenta como un bonito spot sobre la igualdad de oportunidades, el sentido natural del consumo o su vínculo con el campo de la salud, por detrás encubre el rostro de una tragedia que sólo conocen quienes llegaron a niveles profundos de la adicción y que, con el arduo trabajo de médicos y organizaciones sociales, pudieron desmantelar todo el complejo tejido cultural de la droga sobre en sus vidas y sus entornos más cercanos.
Los consumidores hoy no son solo jóvenes, también son adultos que comenzaron a probar drogas cuando eran menores de edad. En su mayoría, defienden la tesis de la legalización. De allí que los chicos en el consultorio sostienen un discurso pro-marihuana con planteos tales como: "¿qué diferencia hay entre el porrito que me fumo a la noche con el Rivotril que se clava mi mamá para dormir?", así lo describió la médica Nancy Castellano, quien atiende varios casos de personas con adicciones desde hace más de una década.
"Esto habilita a que muchos chicos piensen que, en definitiva, no están haciendo nada malo, pensando incluso en los países donde la marihuana, por ejemplo, está legalizada", comentó la especialista de la salud, quien considera que hoy nuestro país no estará preparado para su legalización, por los altos niveles de corrupción y los escasos recursos para la contención social del adicto.
En Hernando, la drogadicción sigue creciendo, con el agravante emergente del consumo entre la población adulta, un fenómeno relativamente nuevo, que era más común en ciudades con mayor vida nocturna.
En ese sentido, Castellano sostuvo que "los límites se han corrido casi todos, por lo que el acceso a las drogas es más fácil. Lo que antes estaba mal hoy ya no está tan mal. Lo que estaba prohibido, hoy ya no lo es tanto. Los padres y la sociedad corrieron esos límites; y esto incrementó el acceso, en el contexto de una sociedad mucho más consumista, en donde el objetivo de muchos es tener, mostrar y competir, lo que lleva a altos niveles de frustración". De hecho, los organismos oficiales de la provincia que luchan contra las adicciones ya no analizan solo el componente biológico y psicológico del adicto, sino las manifestaciones promarihuana, las campañas publicitarias en favor de la legalización y todo el entramado cultural que generan las influencias ideológicas que facilitan el consumo.