El delito y la joda

Por Lic. Franco Roggero

Desarmando la psicología social del ladrón:
Fin de año es cuando la ciudad ve incrementar el delito. Pero casualmente son los meses en que la gente está más predispuesta a gastar en sus placeres: fiestas, salidas, eventos, descanso y consumos, muchas veces, excesivos. Es que el delito y el delincuente no están fuera de la agenda social. Sus demandas no son de otro mundo, de algún modo responden a las exigencias de la moda, aunque los métodos no son ni racionales y menos legales.
Con el aumento de la joda los pibes se ven en la encrucijada que demanda el derroche y la necesidad de conseguir plata fácil. Solo el hecho de que el dinero se consiga con muy poco esfuerzo es excusa para que el delincuente lo quiera descartar muy rápidamente, ya que es dinero sucio. Solo es útil para los vicios y la locura, no es un dinero que sirva para, por ejemplo, ayudar a los gastos del hogar o a la crianza de los hijos. Esta plata, por lo general, se gastaría por las buenas, a través del esfuerzo propio, no del riesgo a quedar preso (porque es ganado como fruto de una tarea digna). Entonces, el robo, en el pensamiento del delincuente, puede ser equiparado a un evento particular, que se demora en el tiempo y se traslada al fin de semana, cuando muchos en la ciudad suspenden el tiempo de lucidez para ingresar a la fiesta, la cual, para ser habitada, demanda un grado de locura y para lo cual es necesario correr los límites de lo normal, de lo socialmente aceptado.

El sacrificio del ladrón comienza, por estos meses principalmente, con la sustracción del objeto y culmina con el derroche. Hay una continua relación entre el saqueo y la ofrenda, nunca se experimentan de manera separada. Por eso, para que el ladrón pueda ser generoso en el lujo y la joda, debe robar primero, necesita que haya otras víctimas, nadie puede hacerse mal a él mismo, siempre hay otros implicados. Esto es una ley universal.
El botín que se les saca a los vecinos de la ciudad, se dispone a ser gastado, lo antes posible. Y lo hacen a través del despilfarro: salidas cortas, consumo del alcohol y drogas. El destino son los compañeros, la celebración de la amistad, una amistad que depende de la urgencia de estos actos. Es un: "hoy por mí, mañana por ti", de la manera más inusual que jamás hubiésemos imaginado.