La adicción al juego es una patología que la sociedad no puede reconocer fácilmente, principalmente por el entramado de complicidades e intereses que gira sobre una maquinaria que afecta todo el entorno de la víctima y, de una manera más abarcativa, la matriz productiva de la denominada "cultura del trabajo". "Debemos saber que hoy todo nos es lícito, pero no todo no conviene", consideró un ex adicto, en diálogo con la revista.
Pálpitos, presentimientos, cábalas y sueños terminan definiendo sus decisiones. Y, con el paso del tiempo, el destino de sus vidas. Algunos lo hacen desde el anonimato, con la opción del juego online, otros se dejan ver. Muchos de ellos no consiguen pensar en otra cosa que no sean las apuestas. Siempre está el deseo latente, el deseo de ganar, aunque con un poco de lucidez la realidad le muestre que eso que sienten es parte de su propio engaño.
La industria del azar es un juego de complicidades en donde participan víctimas y victimarios en medio de una gran maquinaria que favorecen a un negocio que crece a pesar de generar pobreza y de contribuir al desarrollo de una enfermedad que muchas familias tratan de ocultar, de la mano del silencio cómplice del Estado.
Horacio Lorando, un vecino interesado en la temática del juego, consideró necesario diferenciar el efecto que producen unos juegos en relación con otros, ubicando, en primer lugar, a las máquinas tragamonedas "que son las principales causantes de adicciones", siendo, incluso, causa común de divorcios.
"Hay gente que viaja a localidades cercanas donde hay máquinas tragamonedas. Allí algunos suelen perder el sueldo completo, afectando toda la cadena de pagos de cualquier localidad. Por eso es importante que se hagan campañas para luchar contra este problema, sobre todo porque hay personas que sienten que todos los días tienen que ir a jugar", explicó Lorando, quien también hizo mención a las múltiples opciones de apuestas en internet que afectan la economía familiar, pero que - igualmente - no suelen ser tan adictivos como ir al casino.
"Hoy está de moda el póker, pero el dinero gira siempre alrededor de las mismas personas. Es decir, la plata queda en el mismo grupo, además de ser algo que no es tan común verlo todos los días, como se logra ver con las máquinas tragamonedas, cuyos ingresos se lo lleva un grupo de tres o cuatro personas", aseguró.
Por otra parte, destacó que la pobreza incrementa la atracción por los juegos de azar "porque hay gente que piensa que jugando a la Quiniela se puede salvar, con la ventaja de que las apuestas son limitadas de acuerdo al bolsillo de cada uno. Igualmente pienso que nada se compara con las tragamonedas, en donde la gente juega las últimas monedas que tiene encima", insistió.
No obstante, a diferencia de otras adicciones, la ludopatía es un flagelo que las ciudades tienden a invisibilizar. De hecho, hay una ausencia de campañas de prevención y asistencia a la víctima.
A cambio de ello, el negocio del juego cuenta con una red de intereses y complicidades económicas y políticas que, de una manera más abarcativa, no solo ayudan a generar más adicción, sino que afectan la matriz productiva de la denominada "cultura del trabajo" (que hoy es un reclamo de muchos vecinos).
Una de las luchas más fuertes que deben afrontar las víctimas del juego es la complicidad de aquellos que tienen en sus manos la posibilidad de tomar decisiones para contrarrestar este mal social y no lo hacen.
Por el contrario, se lo promueve y se lo legitima desde un enfoque simpático, inocente y divertido.
La cultura del juego y del azar es parte de un entramado de valores negativos arraigados en una comunidad que coquetea con una amenaza latente: fomentar la adicción. Ya que, aunque invisibilizado, no logra el consenso necesario para que esta enfermedad y sus factores de riesgo puedan ser llamados por su nombre. La clave de este mega negocio, que, en muchos casos, afecta vidas y familias enteras, está en relativizar y naturalizar sus consecuencias en el campo de la salud.
La realidad invertida: preparados para perder.
De manera anónima un ex adicto al juego explicó que: "El origen está en el deseo de ganar. Ya de pequeño ese deseo suele ser más intenso en unos que en otros, lo cual es manifiesto en los juegos comunes de los niños en la adolescencia. Luego se va incrementando y se empieza a buscar esa necesidad de ganar a través de juegos de azar que en mis años de adolescente eran los comunes de la época, los cuales se compartían en reuniones familiares y de amigos (Lotería, Truco, Chin-Chón, etc.). Esas prácticas, en quienes tienen la tendencia de querer ganar, se va naturalizando como algo positivo y así se empieza a practicar otros juegos en donde la motivación por apostar va aumentando ante la posibilidad de ganancias rápidas y sin esfuerzo (Quinela, cartas, casino, dados, etc.). Al principio no dominan tu voluntad, pero en la medida en que las pérdidas van en aumento así también lo va la intensidad del juego por recuperar lo perdido. En esa situación es cuando tu voluntad es sometida por el deseo ya esclavizante de jugar, es decir una adicción que de no ponerle freno te lleva a una progresiva degradación moral. Ya la adicción te domina. Lo que empieza con juegos inocentes termina en consecuencias esclavizantes. En ese sentido, es necesario saber que todas las cosas nos son lícitas mas no todas nos convienen; todas las cosas nos son lícitas, pero debemos procurar no dejarnos dominar de ninguna".
El amor al dinero, la raíz de una adicción:
De manera definitiva, el juego de azar está enfocado en el amor al dinero, e indudablemente tienta a la gente con la promesa de riquezas rápidas y fáciles.
A grandes rasgos, los síntomas que presentan las personas afectadas son: inversión exagerada de tiempo, energía y dinero en esta actividad, dependencia del juego para enfrentar la vida diaria, negación de que para ellos es un problema, pensamientos de fantasías de ganar mucho dinero, descontrol progresivo y gastos desmesurados, problemas familiares severos, estrés, angustia, ansiedad que pone en riesgo la salud mental del adicto, baja autoestima, y entre otros, momentos de grandiosidad, mitomanía, intolerancia a la frustración e irritabilidad.
Los familiares de los ludópatas, en distintas etapas y niveles de adicción, sufren al ver a su ser querido atrapado en una trampa sin poder salir de ella. Se trata de personas cuyas vidas giran, en gran medida, sobre la ilusión de obtener dinero sin trabajar, creyendo que al obtenerlo serán más felices o cumplirán el sueño de sus vidas. La posibilidad de apostar y ganar está muy presente en su pensamiento cotidiano.