Un retorno a la valoración oral campesina

Por Lic. Franco Roggero

Detrás de los relatos campesinos hay una sabiduría profunda nutrida de mitos, leyendas e historias que resultaron vitales para entender el mundo y develan algunos de sus misterios a lo largo del tiempo.
Estos relatos conforman el patrimonio cultural no material de nuestra región, el cual, en gran medida, está siendo descuidado, un poco por desconocimiento, y, otro tanto, por una gran ausencia de políticas culturales capaces de preservarlos, según explicaron Pablo Rosalía y Patricia Riorda a la revista, en representación de la Asociación "Relatos del Viento".
Ante esta problemática cultural, que toca tan de cerca a nuestra región, Rosalía y Riorda brindaron un taller en el que se trabajó para despertar un interés por la revalorización de las tradiciones orales y, con ello, la recuperación de un capital cultural propio de nuestra región en el contexto educativo local, como: la conservación del paisaje, la sabiduría popular, las creencias ancestrales y las leyendas antiguas.
Es para destacar que existe, en nuestro entorno, un amplio yacimiento de costumbres milenarias propias, que dotan a nuestra zona de una riqueza trascendente que, como dijo Riorda, en un momento del taller: "limitan siempre entre lo divino y lo terrenal".
Desde hace cientos de años se fueron tejiendo, gracias a la oralidad campesina, historias y leyendas que tratan de explicar el mundo, la vida y los problemas más profundos del ser humano como la muerte, la enfermedad, la relación entre el hombre y la mujer.

Se trata de un patrimonio cultural inmaterial que comprende: tradiciones orales, usos sociales, actos festivos, rituales religiosos, saberes y técnicas artesanales, "que implica una indagación sobre las raíces y un retorno a la valoración por lo ritual que trasciende todos los niveles, incluso en el plano académico, donde lo oral es considerado una fuente valiosa de información", dijo el representante de la organización que lucha por la identidad campesina.
Sobre la oralidad como institución o registro cuidadoso de la historia, que se daba principalmente en las comunidades antiguas y en los núcleos familiares, Rosalía comentó que, si bien se ha perdido mucho de esta tradición, aún se conservan algunas costumbres, que con decisiones políticas se podrían recuperar, como hacen en otros países con sus construcciones arquitectónicas, por ejemplo.
Esto, en cierta manera, contribuye además con el valor de la palabra hablada, que es fundamentalmente demandada, por la población con mayoría de edad, que ven en el contexto actual un olvido de valores y enseñanzas que fueron atesoradas durante muchos años.