Genera preocupación entre algunos vecinos un escenario recurrente en el interior de la vida familiar local: los crecientes conflictos entre parejas y las consecuencias que originan estos desacuerdos, principalmente, en la población infantil.
Genera preocupación e incertidumbre para muchos padres abordar los problemas que ocurren en el interior de las parejas sin afectar el desarrollo de sus hijos. En Hernando vemos que es cada vez más frecuente que niños y adolescentes reaccionen negativamente, en distintos ámbitos, por verse involucrados en las peleas intrafamiliares, lo cual va generando en ellos un problema existencial, al buscar respuestas y asumir un rol que no es propio de su edad, según convenios nacionales e internacionales.
La consecuencia de crecer en un medio ambiente conflictivo de referencia, en donde abundan las discusiones, va originando en la persona heridas inevitables que calan lo profundo de su identidad. Muchas de estas situaciones, si no se resuelven a tiempo, son trasmitidas de generación a generación.
Felipe Ferrero (29) es un abogado de nuestra ciudad especializado en derecho y violencia familiar. Incluso tuvo la oportunidad de disertar en congresos sobre esta problemática.
En diálogo con la revista se mostró preocupado por un escenario recurrente en el interior de la vida familiar local: los crecientes conflictos entre parejas y las consecuencias que generan éstos en la población infantil, principalmente en padres divorciados que no supieron resguardar a sus hijos de enfrentamientos que deberían ser exclusivos del mundo de los adultos.
"Hoy muchos menores se ven envueltos en esa experiencia: conflictos que nunca hubiesen deseado y que son inapropiados, en especial por su corta edad. En el estudio lamentamos que éstos, a pesar de encontrarse en una condición de inferioridad, sean utilizados para sacar algún provecho de los padres que no saben ponerse de acuerdo de un modo más pacífico", explicó Ferrero, quien considera que, en la ciudad, al menos en ocho de cada diez parejas separadas se presenta este problema.
Hoy, por causa de que los padres no llegan a un acuerdo, los niños son indagados por un juez, instancia que termina convirtiéndose en una experiencia muy negativa para sus hijos, después de haber sufrido en el interior de su hogar. Como resultado de esto se perciben al menos tres variables recurrentes: trastornos en la personalidad, en el aprendizaje y en las relaciones con los demás.
Lo que más preocupa es que las heridas intrafamiliares recaen principalmente sobre el menor y que ya no se habla de casos aislados sino de un fenómeno creciente y recurrente que se inicia con hechos de violencia (verbal o física) entre los padres y en algunos desórdenes de consumo como: la recurrente exposición a la pornografía, el consumo desmedido de bebidas alcohólicas y de otras drogas.
Psicólogos y especialistas en el campo legal intentan generar medios para una mayor protección del menor ante estos nuevos contextos de violencia, tratando de aislarlos de la instancia judicial que emprendieron sus padres. Lo que se busca actualmente es que se tenga en cuenta la voluntad del menor, priorizando su resguardo mental y afectivo.
Ferrero comentó que hoy muchos profesionales se encuentran desbordados con esta nueva problemática y el Estado, "sobre todo en localidades del interior como la nuestra, no ofrece los recursos necesarios para la gran cantidad de niños que se encuentran involucrados en problemas de este tipo, los cuales trascienden toda su vida".
"Estamos viendo un mayor número de casos y más graves problemas de conducta en la población juvenil local, originados por la violencia intrafamiliar. Esto no se veía con tanta frecuencia años atrás", indicó el especialista en derecho de familia.
Lo que se intenta lograr, tanto desde el campo de la psicología como en el del derecho, es que los padres dimensionen las consecuencias que generan los conflictos familiares en la vida de los niños y sean ellos mismos quienes ofrezcan nuevas soluciones que beneficien a su desarrollo personal.
El sector religioso también pretende realizar un aporte a esta problemática. Para Ángel Aguirre, sacerdote local, todo sería diferente si "el diálogo fuese la manera normal de afrontar los conflictos, si tal vez hubiese decisión de sanar las heridas que se causan en vez de ignorarlas".
Por causa de los nuevos contextos de violencia se producen, según cifras oficiales, entre seis y siete divorcios diarios en nuestra ciudad. La mayoría son parejas jóvenes, aunque uno de cada siete es gestionado por personas mayores de cincuenta años, algo que no era para nada habitual en Hernando.
Sin edad para comprender:
Algunos padres comentan acerca del malestar de sus hijos ante determinados desacuerdos, aunque, en definitiva, el niño o adolescente no entiende totalmente el mundo de los adultos.
Si a edades muy tempranas es testigo de peleas entre sus padres es muy probable que se sienta angustiado y trate de averiguar qué significa para él lo que está ocurriendo. El menor puede pensar "esto es por mi culpa", o "mis papás se van a divorciar y ¿qué va a pasar conmigo?". Esta situación le generará un gran malestar y buscará la manera de intervenir para reducir su angustia.
Sus estrategias en medio de la crisis:
Una estrategia del menor podría ser intentar intermediar para que sus padres no discutan. Si el niño consigue su objetivo se convertiría en el reconciliador de sus padres, en la persona que les ofrece apoyo, invirtiéndose el rol al asumir el hijo un papel que no le corresponde, el de adulto. Una segunda estrategia que podría utilizar el niño es mostrar un comportamiento problemático que distraiga a los padres del foco del conflicto. Y una tercera opción podría ser evitar la situación refugiándose en el juego, en el estudio o en cualquier otra actividad.