Los nuevos contextos medioambientales aceleran los tiempos y ofrecen mejores oportunidades, pero también pueden incidir en nuestras conductas. Puede que nos conviertan en personas más propensas a querer conseguir todo más rápido y sin sobresaltos.
El desarrollo de la nueva sociedad de consumo global está modificando aspectos de nuestra condición humana y, ante los cambios culturales que provocan las nuevas formas de vida debemos identificar una conducta cada vez más frecuente entre los vecinos: la ansiedad.
Vivir pendientes de los mensajes de textos, de las reacciones a las publicaciones en las redes sociales, a la oferta informativa online (colmada de noticias negativas), nos obliga a tomar algunas medidas para evitar conductas que estén ligadas a una exigencia por todo lo inmediato, haciendo que nos volvamos personas cada vez menos tolerantes y con altos niveles de impaciencia, los cuales se traducen, incluso, en prácticas y sentimientos de violencia.
Esperar una llamada, tomar tiempo para escuchar a otros, permanecer parte del día en silencio, desconectarse de los problemas y descansar parecen ser hábitos de una época muy lejana.
Si bien las ciudades pequeñas como la nuestra ofrecen entornos que, para muchos, todavía favorecen a una vida más tranquila en comparación con las grandes ciudades, la híperconectividad y su lógica de consumo hace que vivamos pendientes de todo menos de nosotros mismos, de nuestra salud mental.
Sin ir más lejos, los trastornos de ansiedad, en nuestra ciudad, son la principal causa de intervención de los psicólogos. Y tampoco es casualidad que, incluso, muchas más personas busquen ayuda indagando sobre otro fenómeno creciente: los métodos de relajación y la consejería espiritual, formas alternativas que prometen satisfacer un deseo de la modernidad: el bienestar emocional.
En ese sentido, la hiperconectividad nos ofrece grandes facilidades y mejores condiciones de vida, pero también en entorno digital debe ser aprendido como un territorio en donde es necesario asumir nuevas y diferentes responsabilidades como ciudadanos. Una de ellas es la que enseñan algunos padres a sus hijos: poner límites al tiempo de uso y a la calidad del acceso a la información, ya que ésta condiciona su forma de pensar y mirar el mundo.
¿Nos hemos vuelto más impacientes?:
El hecho de que la gente pueda percibir cambios en su personalidad nos desafía a examinar nuestros hábitos cotidianos.
El aumento de los niveles de ansiedad es una tendencia local y global que se relaciona, en buena medida, con los cambios de paradigmas y la falta de certezas ante los desafíos naturales de la vida.
En este contexto, los principales motivos de preocupación entre los ciudadanos son la corrupción, la inseguridad, la presión laboral, las dificultades familiares y el costo de vida (específicamente, el precio de los alimentos), razón por la cual en nuestro país también registra el mayor número de personas con trastornos de ansiedad, a escala mundial.
Así lo afirma el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad de nuestro país, desde donde se aclaró que no se trata solo de contextos, sino también de una disposición genética de la persona. Los ataques de pánico, por ejemplo, un fenómeno creciente en los últimos años en nuestra población, es uno de los síntomas provocados por el trastorno de la ansiedad.