Doña María y el arte de desconfiar

Por Lic. Franco Roggero

Lo dice como en el fútbol: los hechos les ganan a las palabras, y por goleada:

Los vecinos, muchos de ellos, sin necesidad de títulos universitarios, obtuvieron, en los últimos años, su postgrado en el arte de desconfiar. Es que los hechos y la historia los capacita, resultan ser una gran escuela. Ya no son y quizás casi no serán tan importante, en contextos como el nuestro, el spot publicitario de la propaganda política. A pesar del gran desarrollo tecnológico, la comunicación en Hernando se sustenta particularmente con acciones concretas. Ya no se trata de decir, sino en demostrar ser y lograr hacer. Y esta es la lectura que hacen cada día los vecinos, víctimas del flagelo de la decepción política tan lejana y actual en el relato de muchos medios de comunicación.
Doña María representa al vecino común, al que paga los impuestos y camina las calles de nuestra ciudad. El que fue aprendiendo con los años que el valor de la palabra, desafortunadamente, pasó de moda. Y que el único gobernante que es digno de valorar es el que hace lo que prometió, el resto solo hace uso del residuo de una insinuación universal: la promesa incumplida.
La gente seguirá condenando la mentira de cualquier líder político, éste es un haz en la manga. El vecino de un pueblo como el nuestro sabe más que nadie, sin ninguna especialización en marketing político, que existe una ética, sobre lo que se promete, de la que la clase política debe dar cuenta.

Por eso, como en el lenguaje futbolero, los hechos les ganan a las palabras, y por goleada.
No se gobierna solo con el discurso. Cada vez estamos más lejos de eso. Lo que crea una común -unión (término del que se desprende el concepto de comunicación) es la acción práctica, en lo posible carente de menciones autorreferenciales de quienes, se supone, son servidores públicos.
Es que la gente aprendió minuciosamente (y los políticos lo saben) el arte de desconfiar. A desconfiar del exagerado optimismo y sentimentalismo de los sport de campaña. Y, en definitiva, el único liderazgo que se valora es el de la humildad, la verdad, el de los hechos por sobre las palabras. Lo demás resulta ser ilusionismo.
La gente sabe que las promesas, por más bien pronunciadas que sean, no pueden convertirse nunca en un fin en sí mismo. En contextos como el nuestro, quienes ejercen un rol político saben que la opinión pública tiene fecha de vencimiento y la verdad hará justicia por mano propia, sin la intervención de profesionales de la comunicación. Como dice el proverbio cristiano del Evangelio del Día, que lee Doña María, con sus más de 70 años de experiencia, experta en el arte de desconfiar: "no hay nada oculto que no sea manifiesto, ni nada escondido que no salga a la luz".