Cada crisis económica produce, cambios, transformaciones, incrementa la pobreza, y, sobre todo, permite ver lo que hay escondido en el corazón de cada persona. Es decir, las crisis sacan lo mejor y lo peor de cada uno.
Por lo general, no solo complejizan la manera en que vivimos, también mueve a muchos del lugar de comodidad en el que se encontraban. La crisis trae consigo las más diversas reacciones. En principio, nadie puede alegrarse cuando debe atravesar una crisis, pero, sin embargo, las formas en que ofrecen soluciones los vecinos son muy distintas. En el peor de los casos hay quienes se aprovechan de las crisis para mirarse a sí mismos sin la intención de cooperan con quien se encuentra peor que ellos, aun teniendo la posibilidad de hacerlo. De repente sus vidas se llenan de tristeza y pasan gran parte del día criticando sin hacer nada para revertir su situación. Sin embargo, la crisis también muestra el lado más humano de las personas. En muchos casos hay quienes aprovechan las diversas necesidades que están atravesando otras personas, como carencia de alimentos, de ropa y de acceso a la educación, para ejercer en favor de ellos su vocación de servicio y caridad. Por ejemplo, surgen nuevas y diversas formas de ayuda social y esto hace que se produzcan nuevos vínculos para la unidad. A partir de las crisis muchos se ven obligados a trabajar más horas de lo habitual y a generar formas creativas de obtener recursos económicos para suplir los gastos básicos de la canasta familiar.
Algunos, en cambio, endurecen su postura y no hacen más que buscar culpables, mientras se ubican en una situación superior al resto, aunque no ofrecen soluciones hacia los más vulnerables, sino, por el contrario, los perjudica. A ellos lo único que les importa es conservar un nivel de vida más alto que el resto de la población, su estatus quo. De hecho, en los últimos años se vio un alto crecimiento de la desigualdad social en el contexto de nuestra ciudad. Sin embargo, las reacciones ante esto fueron de lo más diversas. Hay quienes se abrieron a la posibilidad de cooperar y quienes prefirieron mirar para otro lado y resguardar lo suyo con total apatía.
Al cabo de todo, lo más importante no es el capital material que muchos presentan como una disputa sin final, sino el capital humano que hace que algunos se ubiquen en una posición superior con respecto a otros. Sin duda la crisis saca a la luz lo mejor y lo peor de cada uno. En ese sentido es quizás una de las mejores maneras de crecer como persona, sobre todo en contextos en donde la adoración al dinero se puede volver en una forma abarcadora de dominación social, y no en un sistema de cooperación mutua.