Unas 73 denuncias por violencia entre parejas se produjeron en el último año en nuestra ciudad. Sin embargo, casi siempre que escuchamos hablar de violencia lo hacemos de un modo bipolar. Es decir, desde una confrontación entre buenos y malos. Los medios quizás sean los principales constructores de un relato que se reproduce en este único sentido.
Es muy fácil retornar a un análisis cómodo o reduccionista cuando se habla de violencia, en donde caemos en la deshumanización del problema. Por esta razón, por lo general propagamos una condena social hacia el hombre violento y tratamos de resguardar a la víctima, pero no ofrecemos soluciones que nos permitan ver la raíz del problema. Tal es así que es muy difícil encontrar espacios para la recuperación de personas que tienen problemas de violencia. En todo caso, resulta mejor una respuesta violenta. ¿Pero es esta la manera de combatir aquello que nos preocupa? ¿Acaso no descubrimos que la violencia no es algo exclusivo de un género hacia otro sino de un entramado de valores negativos del que todos transitamos y somos parte?
No vayas a creer que estoy abalando la violencia o al violento con esto. Más bien lo que pretendo es afirmar la hipótesis de que el violento no es violento por arte de magia. Habita en él, o en ella, un aprendizaje, una historia, una experiencia de vida que lo convierte en una persona violenta.
Pero, ¿cómo se construyen estos hombres? En muchos casos desde la niñez, al reproducir un modelo de jerarquías y roles que legitiman el maltrato como un valor positivo. Ésta, posiblemente, sea la raíz del problema de estos 73 casos y de tantos otros que no llegaron a tener entidad pública y que tampoco logramos comprender completamente.
¿Recordás la frase "ya van a ver cuando venga el papi?", que a muchos nos dijeron cuando éramos niños. La denominada "vieja escuela", a pesar de que imponía respeto, muchas veces lo hacía en base a la construcción de un modelo de fuertes y débiles dentro de la familia, y hoy vemos las consecuencias. Esto explicaría por qué razón hay más varones que ejercen violencia física contra la mujer, y no viceversa.
El mundo en general es jerárquico y cruel, y ésta no es una manera de relativizar los hechos de violencia, justamente, por el contrario, es tratar de identificarlos de una manera holística, que no excluya a ninguna de las partes a la hora de tomar soluciones, sino haciéndolos participes de ellas.
Existen casos en que el hombre que ejerce violencia dice no querer repetir lo que vivió en su casa. Sin duda que él también es alguien en busca de ayuda, aunque muchas veces se encuentra con más violencia como respuesta, sobre todo a partir de un discurso que construye malos y buenos, categorías que no brindan una verdadera solución al problema.
En ese sentido tenemos que identificar que la violencia no genera un solo efecto, ni debemos reproducir una idea hegemónica de la violencia de género, en sus diferentes modos de expresión, si verdaderamente queremos luchar contra ella.