Hay dos males crecientes en la población: la falta de perdón y la pérdida de compromiso en la palabra.
Hay al menos dos cosas que, según algunos de la generación que nos precede, la gente fue olvidando en Hernando: la grandeza de pedir disculpas a tiempo (como gesto de humildad), y el cumplimiento de la palabra dada entre vecinos. Lo que nos sucede es que la confianza progresivamente está desacreditada y esto tiene consecuencias morales que van afectando la calidad de vida y el ánimo de las personas, porque cada uno siente que no es valorado como corresponde. Si logramos recuperar estos principios fundamentales definitivamente haremos algo muy importante.
Nadie está exento de cometer un error, comportarse de forma inadecuada y herir a otra persona. Cuando somos conscientes de que hemos podido equivocarnos, solemos sentir el impulso de pedir perdón. Sin embargo, algo que puede parecer tan sencillo, a veces se convierte en un proceso complicado. Aunque admitir un error y disculparse es la mejor forma de crecer y evolucionar, asumir la responsabilidad de lo que ha pasado resulta ser algo extremamente difícil para algunas personas, especialmente para aquellas a las que precisamente les cuesta conceder su propio perdón.
La sociedad tiende a convivir en contextos más controversiales. Los conflictos, incluso en el interior de las familias suelen ser más frecuentes que en el siglo pasado.
Disculparse es un ejercicio que denota madurez y valentía. En muchas ocasiones, nos limitamos a narrar lo que ha sucedido, pero sin llegar a asumir nuestra culpa. Por tanto, no se trata de un perdón sincero, sino de algo social y moralmente establecido como necesario y correcto. No obstante, una disculpa que no es plena no sirve de nada. En este sentido, un perdón falso solo suele empeorar la situación, consiguiendo aumentar más la desconfianza y distancia del otro, sobre todo cuando la persona ante la que debemos disculparnos pertenece a nuestro círculo más cercano.
Lo mismo ocurre con la creciente falta de compromiso en la palabra. La gente hoy cambia de opinión de un instante a otro, crece el incumplimiento en los compromisos dados y todo esto genera un gran desgaste en el ánimo y en la confianza de las personas.
Por esto, abrir nuestro corazón, desprender sinceridad y pedir disculpas es una acción curativa de responsabilidad y respeto hacia uno mismo y hacia la otra persona, que requiere de coraje, humildad y entereza.