En la ciudad y en nuestra zona rural son muy pocas las personas que defienden las costumbres, los valores y las tradiciones gauchas. Sin embargo, rasgos de su cultura, como la vestimenta, la comida y el mate, están en creciente expansión en todo el mundo, llegando a las regiones más lejanas del planeta. Un abordaje sobre un fenómeno que desafía la reinvención de lo antiguo y el apego por lo natural en la vida moderna.
La reaparición de jóvenes y adultos luciendo boinas, alpargatas y bombachas de gaucho, que son costumbres muy nativas, se mezclan con la moda que impone la modernidad mundial y sus nuevas formas de vida en la ciudad.
Sin embargo, son muy pocas las personas que se resisten a los cambios, al menos de la manera en que lo hace el último bastión de la colectividad gaucha en la ciudad, una agrupación minoritaria en inminente peligro de extinción.
La Agrupación Gaucha "El Milagro" todavía reúne un conjunto de características y costumbres muy antiguas que la vincula, en pleno siglo 21, a la identidad criolla más autóctona, con todo lo que ello significa: el permanente contacto con los animales de campo, la jineteada, el trabajo rural, las reuniones y peñas gauchas, la vida familiar, las cabalgatas, la hospitalidad y las comidas típicas: el asado criollo, el chicharrón, los chorizos y las tortas fritas, todas de elaboración casera.
Algunos exponentes de la colectividad gaucha expresaron su preocupación por conservar sus costumbres regionales. "A pesar de que hay gente que se viste con ropa criolla, sentimos que se están perdiendo los verdaderos valores gauchos en Hernando, me refiero a la gauchada", comentó Daniel Lenarduzzi, un defensor del movimiento tradicionalista, eso que ellos consideran tan importante para la vida de los pueblos del interior.
Junto a su esposa y sus hijos e hijas, todos vestidos con ropa campesina, siente que muchos aún conservan una memoria de los valores gauchos, pero que las nuevas generaciones están sufriendo el paulatino olvido de algunos principios que, para ellos, son fundamentales para la vida en comunidad, "como es el caso del valor por la palabra, tan desprestigiado en los tiempos que corren".
Es que la agrupación gaucha tiene como misión resguardar los principios fundamentales de la solidaridad y la ayuda mutua, características que la nueva sociedad reclama sin saber que en gran medida tienen una raíz en la familia antigua integrada por los paisanos criollos, muy acostumbrados a "las gauchadas", en tiempos de profunda escasez de techo y comida.
Cabe destacar que la vida gaucha se desarrolla en un profundo contacto con el ser humano y con los animales. El gaucho identifica la necesidad de las personas y trata de asistirlas con un espíritu de servicio. Con esta intención se inauguró un emprendimiento denominado "Quincho La Promesa", la de promover los valores positivos de la gente de campo. El lugar, ubicado al sur de la ciudad, al límite con la zona rural, intenta ser un espacio para que el vecino común vivencie el quehacer campestre. Es un sitio destinado principalmente a las fiestas tradicionales, a la hospitalidad de la familia gaucha, y a que los niños, incluso de las escuelas e instituciones locales, puedan estar en contacto con los animales nativos. Allí se puede observar una exposición de máquinas antiguas que eran utilizadas en Hernando hace más de cien años para la siembra manual.
A pesar de representar a una minoría, la colectividad gaucha tiene un sentimiento muy profundo por la cultura campesina. "Nos gusta que la gente conozca cómo se elabora nuestra comida y que estén en contacto con un medio ambiente campestre, rodeados de diferentes animales de granja. Queremos también crear una huerta para que los niños sepan de dónde vienen los alimentos que consumen. Por eso pensamos en tener una vaca para que también puedan ver como se obtiene la leche", explicó Lorena Raschi, esposa de Daniel y quien también intenta promover los valores y las costumbres nativas.
En otro sector cuenta con árboles frutales para realizar dulce casero.
Como representantes de la agrupación "El Milagro", destacaron la importancia del uso de los caballos para la equino-terapia, que ya se utiliza en distintas partes del mundo para mejorar la condición motriz y psicológica de las personas, obteniendo resultados sorprendentes.
En "La Promesa" no hay señal de internet y esto es parte de la resistencia que intenta conservar el campesino con el único objetivo de que la gente se desconecte de la vida de ciudad, como parte de una práctica intencional que se propusieron conservar.
La familia Lenarduzzi se considera uno de los últimos bastiones de la población gaucha, junto con Don Domingo Ferreira, quien sostiene que, en los últimos años, se han perdido muchas de las costumbres de antaño. Como una forma de resistir a esos cambios, Don Ferreira realiza todavía parte de sus tareas montado a caballo. En su estancia, ubicada a cinco kilómetros de Hernando, arrea sus vacas, toma el mate de zapallo (característico del hombre gaucho), merienda mate cocido y pan casero con dulce de membrillo. Cocina en el horno de barro sus mismos productos de granja y se viste con ropa de gaucho remendada, sombrero y faja, como lo hacían los antiguos nativos. Nunca cambió su auto. Maneja un antiguo Renault 12 y el sulky. Se lo encuentra sonriente, con una simpatía característica, dispuesto a defender sus valores.
Otros de los exponentes locales son Emilio Becerra y "El Negro" Lovay, quienes a lo largo de sus vidas conservaron el respeto por los mayores, la humildad y la cultura del trabajo manual, como una forma de resistencia a algunos aspectos negativos que trajo la modernidad.
Lo llamativo de todo esto es que, a pesar de transitar un profundo cambio de época, algunos rasgos de la tradición gaucha se reinventan y surgen como tendencia no solo en el contexto local, sino el todo el mundo. De hecho, en los últimos años si bien se devaluaron muchos códigos de convivencia propios de un paisano o una paisana, se reproduce una estética tradicionalista que es evidente en algunas vestimentas, en la música, en los medios de transporte y en la comida. Sin ir más lejos, el caso más destacado es el mate, cuyo consumo se encuentra en constante crecimiento, incrementado en países de Medio Oriente, de raíces árabes, como es el caso de Siria, en donde el mate comienza a ser una novedad que despierta el interés de muchos/as habitantes.