En Hernando un gran número de vecinos mantiene un contacto fluido con sus familiares europeos, vínculo que se origina por el fenómeno migratorio de principios y mediados del siglo pasado, pero que tiene incidencias actuales gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías para la comunicación.
La experiencia de vincularse con familiares radicados, principalmente, en distintas localidades italianas y españolas, es más frecuente de lo que calculamos. Para muchos es un hábito recurrente que, en algunos casos, se consolida con viajes a las tierras lejanas, donde se encuentra la antigua casa paterna o materna de la familia.
Directa o indirectamente muchos hernandenses tienen identificados hoy a sus familiares en Europa, pero solo un sector de la población vive la experiencia de disfrutarlos a la distancia, como una manera de sostener las tradiciones familiares marcadas por la inmigración.
Las redes sociales dieron lugar a este suceso en expansión que muchos viven con una cuota de interés y apego por sus raíces. Y, a pesar de vivir a miles de kilómetros, del otro lado del océano Atlántico, hay algo que todavía los une: la sangre de sus ancestros.
Durante los meses de aislamiento, la comunicación entre familiares lejanos se incrementó. Básicamente por tres razones: para conocer lo que la pandemia podría producir en nuestro país, porque a muchos la cuarentena les permitió tener más tiempo libre, y, básicamente, porque las grandes catástrofes mundiales tienen la cualidad de unir a las personas.
"Nos comunicamos cada tanto, armamos un grupo de WhatsApp familiar, en donde están los primos y tíos lejanos de Italia, que viven en la zona donde nacieron nuestros ancestros. Desde que comenzó la pandemia, el diálogo fue más fluido, aunque siempre en los grupos familiares se comentan cosas, se comparten fotos y se hacen preguntas utilizando el traductor de la computadora o del teléfono. Es lindo ver imágenes de la región de donde vivieron tus abuelos, la casa donde crecieron. Tanto acá como allá transmitimos ese afecto, a pesar de que no podamos estar juntos físicamente", comentó Fernanda, quien tiene familiares en la provincia de Cúneo, en el Norte de Italia. Al igual que Carlos, un vecino de la ciudad que mantiene un diálogo cercano con los descendientes de sus antepasados, radicados en Paesana, Savigliano y Bayern, un conjunto de pequeños pueblos cercanos a zonas montañosas (o incluso sobre algunos montes). Viven allí primos hermanos de su padre, que es el vínculo más habitual entre hernandenses y piamonteses.
"Tuve la oportunidad de viajar. De la casa paterna quedaron las ruinas, pero pudimos estar en el lugar. Mi familia de Italia me envió una carta en los años noventa, con una foto, y a partir de allí comenzó toda una relación con ellos", nos dijo Carlos. "De hecho, yo estuve viviendo en Italia y, al principio me acogieron en casa de uno de ellos. Así la relación es de ida y vuelta. Mis hijas pudieron visitarlos y esperábamos a una de mis primas, pero por la pandemia debió suspender su viaje", explicó, al tiempo que destacó que "es lindo tener familiares en otro país y tener en común los mismos orígenes", aunque sostienen que "ellos se criaron en una nación totalmente diferente a la nuestra, con vivencias diferentes."
Carlos destacó la importancia de conservar sus vínculos parentales, que los une a su genealogía y le permite reconocer parte de la historia que lo anteceden, como la vivencia de la Segunda Guerra Mundial, que marcó el rumbo de miles de personas.
Asimismo, considera que, por lo general, las familias italianas se interesan en conocernos y aun muchos tienen presente el recuerdo de la migración, que nos tocó tan de cerca.
El reencuentro para muchos suele resultar una mezcla de sentimientos: alegría, nostalgia y curiosidad. En ese sentido, las nuevas tecnologías permitieron unir lo que estaba distante o parecía perdido. Y hoy muchos mantienen un diálogo permanente. Se envían fotos, cuentan anécdotas y ponen en valor la propia historia familiar.
Por último, Carlos expresa un deseo muy personal: "Ojalá muchos puedan encontrar a sus parientes y ellos tengan la misma relación que tenemos nosotros", y considera que "es habitual que esto pase en Hernando ya que la ciudad mantiene un vínculo muy grande con familias italianas".
En paralelo, Sonia también siente que parte de su corazón se encuentra del otro lado del mar. Los hermanos de su abuelo viven en zonas diferentes: Potenza Picena, Oulx, Valenza, Turín (Torino) y Cúneo. Un día junto a su madre recibieron un mensaje a través de Facebook. Eran sus familiares italianos que preguntaban por la descendencia de su abuelo, ya que después de la migración no supieron nada de él.
"Intercambiamos datos, fotos y decidimos disponer un tiempo para vernos. Fuimos recibidos con mucho amor y curiosidad", dijo, mientras compartió detalles de su experiencia: "nos juntamos familiares de diferentes ciudades solo por el hecho de que sabían que estábamos allí. La felicidad demostrada por ellos era de un auténtico reencuentro. La relación quedó como si viviésemos en el mismo país".
Ella recuerda con emoción lo que se siente al descubrir algunos parecidos físicos y gestos que se asemejan a los nuestros, "o formas de expresarse que enseguida la relacionamos con alguien de acá".
"La familia de mi madre nos recibió con mucho amor. Y gracias a los tíos más viejos conocí historias asombrosas de la guerra, cuando se ocultaban en los sótanos y eran bombardeados. Quedaba todo quemado y sin comida. Sus relatos nos ayudan a comprender los sufrimientos y las penurias que nunca supimos ya que mis abuelos nunca hablaban de ello". Esto era y es algo muy común. Siempre fue difícil, dicen, expresar el dolor de una guerra.
"Encontramos parecidos. La sangre que corre por nuestra familia se replica en ellos. Nos esperan año tras año, como si viajar a Europa fuese una rutina. Hoy nos comunicamos por Facebook y a través de otras plataformas en internet. Y mantenemos el contacto", concluyó.