La incidencia campesina en nuestro diario decir

Por Redacción hdo.com.ar

Muchas de las frases que usamos los hernandenses tienen su origen en la sabiduría campesina. Algunos, podríamos decir, se encuentran en peligro de extinción y otros forman parte de nuestra continua forma de expresarnos. De una u otra manera, la creatividad rural dejó sus huellas en la oralidad cotidiana a través de muchas frases y dichos populares que todavía usamos.


El campo y la vida rural, ha tenido su participación en la creación de muchos dichos que forman parte de lo que llamamos "lengua viva", porque tienen su origen en experiencias de pobladores rurales y su contexto natural.
Uno de los dichos que algunos vecinos todavía pronuncian es: "más corto que patada de chancho", el cual se utiliza para graficar la brevedad temporal de un acontecimiento comparándolo con la extensión de la patada del cerdo que, por la longitud de sus patas y a diferencia de la de otros animales, es corta.

Otra de las frases de origen campestre es: "no levantes la perdiz": en la caza deportiva, cuando se desea cazar una perdiz se envía un perro amaestrado para que la busque entre los pastizales y logre espantarla para que el ave emprenda vuelo. En este momento el cazador tiene la mejor oportunidad para dispararle porque está cerca y porque el ave se desplaza en vuelo ascendente a baja velocidad. Se dice entonces que no hay que "levantar la perdiz" cuando estás advirtiendo o anunciando un asunto que para lograr conseguirlo debería mantenerse oculto o con discreción.
¿Escuchaste alguna vez "esos dos son mala yunta"? Se trata de otro dicho rural presente en el lenguaje actual. Surge porque una yunta es un par de bueyes, caballos o cualquier pareja de animales de tiro para realizar labores en el campo. Como los dos animales están unidos por el yugo, el mal comportamiento de uno de ellos se transmite a la pareja y ambos acaban haciendo lo mismo, por ejemplo, que se desvíen del surco al arar.
También mencionaremos una frase que casi no se menciona en la ciudad, pero que tiene su origen en la sabiduría campesina: "Le metieron la mula". Era muy común decirla cuando engañaron o hicieron trampa a alguien. En la época colonial los carreros llegaban con su carga al mercado y para saber cuánto pesaba la mercadería, subían con su carro a una gran balanza, después se descontaba el peso del carro vacío y así se sabía la diferencia. Pero algunos, en el pesaje, solían hacer que la mula que tiraba el carro pisara un poquito la balanza para agregar algunos kilos, es decir: metían la mula.
Por último, no podemos dejar de mancionar dos frases que se suelen repetir en la población local: "este tiene la vaca atada" y "comerse un garrón". El primero alude a la situación de ordeñe donde a la vaca se la ata para sacarle la leche de manera segura. Se refiere entonces a una situación en que se puede sacar provecho de algo con seguridad. Y el segundo, como muchos saben, a tener que soportar inesperadamente una situación desagradable que muchos ignoran, es que "un garrón" es la parte de la pata de la vaca cercana a la pezuña la cual no tiene casi nada de carne.