Si medimos solo las estadísticas, la sociedad actual vive con una sensación exacerbada de inseguridad domiciliaria, en gran medida alentada por la mala información que generan las cadenas informativas de los grandes centros urbanos. Si bien existe un número de delitos reales, que aumentan durante los meses de verano y se registra un número importante de estafas telefónicas: 22 en 6 meses, se produjo un solo robo calificado en 360 días y solo 17 sustracciones de bienes personales fueron oficializadas, afectando a menos del 3 por ciento del total de la población. Para el doctor Sergio Job, especializado en la sociología del delito, la inseguridad, en ciudades como la nuestra, debería tener mucho más que ver con algo más cotidiano y estructural como la evasión de impuestos, la fuga de divisas, o el narcotráfico; y no tanto con el pibe pobre de gorrita".
Sergio Job es abogado penalista, doctor en ciencias políticas, diplomado en Seguridad Ciudadana y profesor de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Con él hablamos acerca del delito contra la propiedad habida cuenta del incremento continuo de las medidas de seguridad que implementan los vecinos en sus casas. Muchas veces nos preguntamos qué tan seguro es Hernando. Y, en ese sentido, las opiniones se bifurcan. Por un lado, hay quienes creen que viven en una localidad insegura y otros que lo comparan con lo que perciben de las grandes ciudades y sienten que la población se encuentra entre las más tranquilas en materia de delitos.
Al respecto el analista social consideró necesario que la ciudadanía pueda diferenciar entre el delito real (objetivo) y las sensaciones que existen sobre éste. "Para ello deberíamos considerar una evidencia científica: que nuestro país es el segundo en todo el continente americano con mayor distancia entre lo que sucede realmente y lo que la gente percibe en materia de inseguridad". En ese sentido, advirtió que es necesario reconocer que existe un trabajo de la prensa que resulta bastante importante, donde se instaura públicamente, de modo excesivo y tergiversado el problema de la inseguridad, generando una enorme e innecesaria sensación de miedo.
El catedrático cordobés considera que la tasa de delito en nuestro país "es bastante similar a la media europea. Sin embargo, hay una percepción generalizada de que estamos expuestos permanentemente a la inseguridad. En esto hay que ser claros. No existen sociedades en donde no se produzcan delitos. La sociología en el Siglo XIX ya planteaba este problema, que incluso actualmente es difícil de medir porque no existen, por ejemplo, estadísticas de los delitos contra la propiedad privada no denunciados. Sí hay una presencia común y expandida del robo menor".
"En ciudades más chicas, donde la vida gira en torno a la producción agroexportadora, lo que sucede es que la grieta económica se hace cada vez mayor y esto merece ser un elemento a investigar para conocer en qué medida está contribuyendo o no a esa desigualdad", aclaró.
"Lo que está comprobado científicamente es que cuanto más desiguales son las sociedades más violencia manifiestan. Si a esto le sumás que hay medios de comunicación que transmiten permanentemente que para ser alguien tenés que tener determinado reloj, televisor o zapatilla, y no existen vías reales para lograrlo, seguramente ocurra algún tipo de reacción negativa a nivel social. Por otro lado, cuando se mira el fenómeno delincuencial debemos pensar en hechos de mayor magnitud como es el caso de la evasión de impuestos, las subdeclaraciones, el narcotráfico, y las fugas de divisas, y no solo en el pibe pobre de gorrita", explicó Job, quien destacó: "el tratamiento del discurso periodístico y de algunos líderes políticos sobre la inseguridad muchas veces tiene que ver con un show mediático que lejos está de solucionar el problema de la inseguridad. El abordaje violento de este tema genera en la población más violencia. Tenemos que tener en cuenta que cuando la gente pide vivir segura, lo que está diciendo de fondo es que quiere vivir en paz. Ésta no se puede lograr a los tiros u olvidar que necesitamos entender el problema desde el drama de la desigualdad y no del uso de las fuerzas".
Para el cientista los sistemas de vigilancia, a pesar de ser medidas muy adoptadas por los gobiernos locales, lejos están de resolver el problema de fondo: "creo que agudizan la desigualdad y no van a evitar el delito. Lo vemos constantemente con los robos en countries, que tienen un máximo nivel de seguridad. Lo que está ocurriendo es que sube el costo de lo que una familia gasta en seguridad para prevenir el delito. Esta desproporción se ve también cuando un Estado gasta más en seguridad que en educación. Es lo que estudiamos en Córdoba y es lo que explica que la percepción de la inseguridad crezca en la provincia. Al respecto, debemos entender que la inseguridad es un gran negocio político y hay toda una demagogia penal que se monta en los discursos de odio que vemos por televisión".
Actualmente las fuerzas policiales locales no registran un crecimiento de delitos como hurtos y robos, aunque sí reconoce una migración del delito a la esfera digital, a través de las estafas telefónicas que son mucho más recurrentes.
Los delitos menores suelen aumentar durante los meses de verano. La policía informó que en lo que va del año hubo un solo robo calificado y 17 sustracciones de bienes materiales en seis meses, afectando a menos del 3 por ciento del total de la población. Las estafas sí aumentaron: hubo 22 denuncias de julio a diciembre.
Lo que vemos es un crecimiento de la inseguridad subjetiva, del temor. La gente vive cada vez más asustada, pero en base a una exacerbación mediática del delito, principalmente producido en los grandes centros urbanos que inciden en la vida de las pequeñas localidades como la nuestra.
"Trabajar sobre la percepción es muy importante porque la gente tiene que vivir más tranquila. Observamos que muchos se autoencierran y suben los niveles de personas sin condenas en las cárceles (más del 60% en Córdoba). Necesitamos poner los números reales sobre la mesa, algo que no están dispuestos a hacer quienes lucran con el problema de la inseguridad, incluyendo a la misma policía".
Desde una perspectiva científica Job considera que la clave está en atacar los delitos mayores y reducir los índices de impunidad que permitiría ir desestructurando el delito hacia abajo "porque los barrios están detonados no porque un pibe se robó una cartera, sino porque el narcotráfico maneja los barrios. Si me preguntás cuál es el identiquit de un delincuente hoy te voy a decir: alguien mucho más parecido a un banquero, a un fugador de dinero, que alguien que arrebata una cartera, porque el daño social que genera es mucho mayor, se perciba o no se perciba socialmente".