Aprender a vivir "Entre Maderas"

Por Redacción hdo.com.ar

En una ciudad donde las raíces se entrelazan con la identidad, y donde cada gesto de esfuerzo se reconoce en el rostro del otro, hay historias que florecen en silencio y terminan por transformar todo a su paso. Así es la historia de César Carreggio y Rosario Trapelci, fundadores de Entre Maderas, un emprendimiento nacido desde el fondo del alma, moldeado con fe, decisión y el deseo profundo de construir algo propio. Hoy, su carpintería se ha transformado en una fábrica de diseño y producción que irradia profesionalismo, pero que no pierde su esencia humana.
"Todo comenzó en la ciudad de Río Tercero, en el año 2018, cuando, junto a un compañero de trabajo, decidimos armar un pequeño taller de carpintería para realizar trabajos en nuestros tiempos libres", recuerda César. Fue ese primer impulso el que sembró una semilla. Durante siete meses, en los huecos que dejaba su trabajo como funcionario policial, César se entregó a ese espacio de creación. Con herramientas manuales, paciencia y aprendizaje compartido, fue dando forma a una vocación que, aunque aún tímida, pedía más.
Pero el llamado de las raíces fue más fuerte. Volvió a Hernando, su ciudad natal, para comenzar una nueva etapa junto a Rosario. "Me mudé con mi pareja y continué la carpintería en mis ratos libres, como una actividad complementaria a mi trabajo como funcionario policial", recuerda. Ese retorno no fue un retroceso. Fue el inicio de algo más profundo: trabajar desde casa, en el garaje, con lo que había, para quienes los rodeaban. "Como todo emprendimiento que nace desde abajo, los primeros pedidos llegaron de parte de familiares, amigos y algunos conocidos".
Nada fue inmediato. La constancia fue el motor silencioso de esta historia. Con el paso del tiempo, César fue sumando nuevas herramientas, máquinas que le permitían mejorar la calidad del trabajo y ganar tiempo. Así armó su primer taller: un espacio pequeño, improvisado, pero lleno de sueños. El proceso fue lento, artesanal, pero firme. Porque cuando la vocación se combina con el deseo de ofrecer algo valioso, no hay tiempo perdido.
"Durante cinco años, aproveché mis días libres para fabricar muebles y realizar trabajos de reparación y restauración", relata. Pero fue en 2024 que llegó ese momento bisagra que todo emprendedor en algún punto conoce: una decisión, un salto al vacío, una renuncia a lo seguro. Rosario y César recibieron la noticia que cambiaría todo: esperaban a su primer hijo, Cruz.
Ese hijo no sólo trajo alegría: trajo preguntas. ¿Era posible seguir haciendo todo? ¿Valía la pena estar tantas horas fuera de casa? ¿Era tiempo de animarse? "Ese fue el punto de inflexión. Mi trabajo fijo demandaba muchas horas fuera de casa, lo que me llevó a replantearme si debía seguir con las dos actividades o animarme a apostar de lleno por la carpintería".
Entonces vino la decisión más valiente: poner en práctica su fe. "Como bien se sabe, dejar la estabilidad de un trabajo en relación de dependencia para emprender no es sencillo. Por eso, puse esta decisión en manos de Dios". Y las señales comenzaron a aparecer. El trabajo empezó a crecer. El espacio del garaje ya no alcanzaba. Y entonces, con la certeza de que era el momento, buscaron un nuevo lugar.
"Comencé a buscar un espacio más amplio y apareció el galpón ubicado en calle España 62, donde actualmente trabajamos", cuenta. Ese salto trajo consigo una inversión grande, una apuesta total: vender bienes, usar ahorros, jugarse por completo. "Invertimos nuestros ahorros y bienes personales para adquirir maquinaria que mejorara la calidad de los productos. Así nació nuestra fábrica Entre Maderas".

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Lo que comenzó como un pasatiempo hoy es una fábrica que combina tecnología de vanguardia con una calidez única. "Hoy ofrecemos un servicio completo de diseño y fabricación de amoblamientos y revestimientos a medida en melamina, MDF, fenólico y OSB, para la ciudad de Hernando y la región".
Lo que distingue a Entre Maderas no es solo su eficiencia. Es la pasión que hay detrás de cada corte, de cada plano, de cada terminación. "Sabemos que trabajamos en un mercado exigente, donde el tiempo de entrega y la calidad del producto son fundamentales". Para eso, incorporaron herramientas de última generación que les permiten estar a la altura de cualquier demanda. "Contamos con una escuadradora vertical con disco incisor, que mejora notablemente la precisión del corte, y una pegadora de canto automática, capaz de procesar 12 metros por minuto, logrando un acabado profesional: pegado, cortado y pulido".
Sus productos, a simple vista impecables, reflejan un esfuerzo invisible: horas de aprendizaje, noches de dudas, días enteros de trabajo silencioso. "Gracias a esta tecnología, nuestros productos reflejan el cuidado, la dedicación y el compromiso que ponemos en cada proyecto".
Pero si hay algo que define a Entre Maderas es su visión colectiva. Desde el primer día, César y Rosario supieron que querían crecer con otros. "Nuestro objetivo es que esta empresa también sea una herramienta para el desarrollo de quienes la integran. Las personas que trabajan con nosotros son sostén de familia, y eso nos impulsa a construir un entorno laboral donde el esfuerzo tenga recompensa y el crecimiento sea compartido".
Y ese compromiso es real. En cada rincón del taller se respira respeto, compañerismo, futuro. "Porque creemos que una empresa saludable es aquella que avanza cuidando a las personas que la hacen posible cada día".
Hoy, Entre Maderas ya trabaja para varias localidades: Río Tercero, Almafuerte, Santa Rosa, Pampayasta, Las Junturas, y hasta Córdoba Capital. Cada mueble que fabrican lleva impreso no solo el nombre de la empresa, sino también una historia de vida.