Desde una oficina que funciona como archivo vivo de la historia automotriz argentina, Miguel Candela (61) reconstruye una trayectoria familiar poco común en el país. Fotografías fechadas entre 1913 y 1918 y documentos originales dan cuenta de que, desde 1912, la empresa Candela es netamente familiar. En aquellos primeros años, la firma fue representante de los automóviles importados Studebaker, en una Argentina donde el auto era aún una rareza y símbolo de modernidad.
La historia, sin embargo, se remonta incluso antes de que el automóvil ingresara de manera formal en la vida cotidiana del interior cordobés. Juan Candela, bisabuelo de Miguel, llegó a la Argentina como inmigrante italiano desde Torino apenas pasada la década de 1910. Viajó con sus dos primeros hijos, José y Ángel, y se radicó en el paraje Los Choclos, lo que hoy es Hernando. Allí, en una economía todavía dominada por el caballo y el carro, la familia montó una herrería dedicada a la reparación de carruajes y sulkys. Juan estaba matriculado en motores a vapor y trabajaba sobre las primeras cosechadoras y los escasos tractores que comenzaban a aparecer en la región. Algunas réplicas de aquellas piezas aún se conservan en la concesionaria Candela, como testimonio material de ese origen mecánico previo al automóvil.
Tiempo después llegó desde Italia su esposa Juana y el matrimonio tuvo cuatro hijos más: Juan, Clara, Teresa y Domingo. Este último alcanzó notoriedad en la década del 40 por su participación en la mítica carrera Buenos Aires Caracas, integrando el equipo Suixtil junto a Juan Manuel Fangio, en una de las gestas deportivas más recordadas del automovilismo sudamericano. Juan Candela y sus hijos varones formaron luego Candela Hermanos, una empresa que fabricaba cepos, que se utilizaban para llevar a los presos en tren hacia Dalmacio Vélez.
La historia continúa en la década del 40, cuando el abuelo de Miguel, junto a sus hermanos varones, tomaron la concesión de Chevrolet. El país atravesaba un proceso de industrialización y el automóvil comenzaba a consolidarse como un bien aspiracional para la clase media. Esa etapa significó la expansión definitiva del emprendimiento y su fuerte anclaje regional.
En 1956, se produce una división que da origen a A. Candela y Compañía, creada por el abuelo el padre y el padre de Miguel, y se vinculan con Industrias Kaiser Argentina. La firma representó una marca clave del desarrollo automotor nacional, como IKA Renault hasta 1991. Aquel mismo año comenzó a participar de la empresa Miguel Candela, en un contexto económico complejo, marcado por cambios constantes en las reglas del mercado.
El punto de inflexión llega en 1993, cuando Miguel implementa la venta de automóviles multimarcas. La decisión resultó anticipatoria de lo que hoy es el mercado automotor argentino: una oferta amplia, con múltiples terminales, autos fabricados en el país e importados, nuevos y usados, y diversas alternativas de financiación. Actualmente, la empresa sigue siendo familiar: participan su hermano, sus hijas y otros integrantes de la familia, lo que sostiene una continuidad generacional.
Consultado sobre el presente del sector en Hernando, Miguel describe un escenario dinámico: "El contexto automotriz está muy movido. Hay mucha oferta de cero kilómetros, a lo que se le suma la llegada de los autos asiáticos, que incorporan mucha tecnología y pantallas y el surgimiento de los autos eléctricos e híbridos. También hay mucha oferta de créditos con tasas de financiación a cero por ciento de interés que varían entre los 12 y los 20 millones de pesos dependiendo de los modelos y las marcas. Nosotros tenemos convenio directo con el Banco Nación y el de la Provincia de Córdoba. A su vez, contamos con financiación propia".
Ese contexto, señala, favorece la decisión de compra: "hoy es un tiempo propicio para la compra de autos y pickups". Si bien existe movimiento en el mercado de usados, aclara que "su demanda es mucho más baja en relación con los cero kilómetros". Parte de la explicación está en las condiciones de crédito, que reducen la distancia entre un usado reciente y un vehículo nuevo.
Sin embargo, hay un segmento claramente definido. "Hay un mercado que apunta exclusivamente a los asalariados que hoy no pueden llegar a comprar un auto nuevo", explica.
Por otra parte, surgieron opciones específicas: "Hoy hay alternativas como la financiación en soja con pagos parciales, para que muchos puedan lograr con mayor facilidad el cambio", una modalidad especialmente relevante en regiones agrícolas.
En cuanto a preferencias, el mercado local muestra una tendencia clara. Los mini SUV de cinco puertas son los vehículos más vendidos en la ciudad. Compactos, familiares y versátiles, se adaptan tanto al uso urbano como a caminos rurales. "La mayoría de los que cambian su vehículo hoy buscan estos vehículos, que tienen más capacidad de carga, más altura y más dinamismo", resume Miguel.
Las proyecciones son optimistas. "Las perspectivas para este 2026 son alentadoras, con bajas de tasas y, esperemos, con bajas de impuestos. Se esperan muchas ventas y mucho movimiento de autos y modelos nuevos, con un mercado que ya tendrá entre un 6 y un 10 por ciento de autos asiáticos". La presencia creciente de marcas asiáticas, especialmente chinas, ya comienza a modificar la competencia tradicional del sector.
En ese escenario, la industria nacional también muestra señales de expansión. Miguel anunció que Renault comenzará a fabricar en Córdoba la pickup Niagara de 500 toneladas, destinada a la exportación: "Se exportará desde nuestra provincia a todo el mundo". Además, la marca prevé importar numerosos productos de origen europeo, ampliando su oferta en el mercado local.
La historia local resume más de un siglo de transformaciones del automóvil: desde los primeros modelos importados hasta la actual convivencia entre autos tradicionales, eléctricos, híbridos y nuevas marcas. Pero, sobre todo, refleja una forma de hacer empresa basada en el arraigo, la adaptación y en la lectura temprana de los cambios.