Respirar lento en tiempos rápidos: abre un espacio para volver al cuerpo

Por hdo.com.ar

Mientras la ciudad retoma el ritmo de marzo y abril (clases, horarios, tránsito y obligaciones), en un salón de la calle Belgrano sucede algo que parece ir en dirección contraria. Allí no hay música fuerte ni competencia: hay silencio, respiración y movimiento lento.
En el salón "Fantasía Danzas" de Meli Pons (Belgrano 222) comenzaron las clases de Tai Chi Chuan y Qi Gong, disciplinas milenarias de origen chino que, durante años asociadas a grandes ciudades, hoy crecen también en el interior. Localidades vecinas ya cuentan con grupos estables, y su expansión recuerda al proceso que vivió el yoga hace dos décadas.
El interés no es casual. En los últimos años, aumentaron el insomnio, la ansiedad, las contracturas y el agotamiento mental. En ese contexto, prácticas que combinan movimiento suave y respiración consciente empiezan a ocupar un lugar cada vez más valorado.
La profesora Marta Perosino, responsable de las clases en Hernando, explica que el Tai Chi Chuan no apunta solamente al ejercicio físico: "Se enfoca en el desarrollo físico, mental y espiritual del ser humano". Su principio es la suavidad: moverse de manera natural, relajada y fluida.
Quien nunca lo vio puede sorprenderse. Un grupo de personas (jóvenes, adultos y adultos mayores) se desplaza lentamente, como siguiendo una coreografía. No hay impacto ni exigencia atlética; sin embargo, el trabajo corporal es profundo y los resultados están garantizados.
El Tai Chi se practica despacio para aplicar correctamente cada técnica. Esa lentitud permite liberar tensiones acumuladas: hombros rígidos, mandíbula apretada, respiración corta. A partir de ello aparecen los primeros cambios.
Personas con dolores cervicales o lumbares comienzan a sentir alivio; quienes padecen estrés duermen mejor; adultos mayores mejoran el equilibrio; y muchos descubren por primera vez, la respiración profunda sin esfuerzo.
El Qi Gong (o Chi Kung) complementa la práctica. Se basa en movimientos de expansión y relajación, coordinados con la respiración. El objetivo es reducir la tensión cotidiana y mantener el equilibrio corporal.
La propuesta está abierta desde los cinco años, aunque los adultos y adultos mayores son quienes más se acercan. No requiere ninguna condición física previa ni experiencia deportiva.
"Es tan suave que parece que no se estuviera entrenando", señala Perosino. Sin embargo, los estudios coinciden en sus beneficios: mejora el equilibrio, reduce la ansiedad y contribuye a la prevención cardiovascular mediante un aumento moderado de la frecuencia cardíaca.
La organización Parkinson’s UK lo describe como una actividad de baja intensidad, capaz de mejorar el estado de ánimo y la calidad de vida. La Universidad de Harvard llegó a definirlo como "la actividad perfecta para el resto de tu vida".
La explicación es simple: el Tai Chi trabaja la coordinación, respiración y atención mental al mismo tiempo. No solo mueve el cuerpo, sino que regula el sistema nervioso.

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Mientras muchas actividades físicas se orientan al rendimiento o a la estética, estas disciplinas proponen otra cosa: habitar el cuerpo.
Quienes asisten a las primeras clases suelen notar algo inmediato: salen menos cansados de lo que estaban al entrar, pero con más energía.
Las clases se dictan martes y jueves a las 19 durante marzo, y desde abril se suma el horario de las 14. No se requiere inscripción previa. Con un pago mensual, se ofrece pase libre para todas las prácticas semanales de Tai Chi Chuan y Qi Gong, sin límites de asistencia, para que cada participante avance a su ritmo.
Además del aspecto físico, aparece un componente social: la práctica se convierte en un espacio de encuentro tranquilo, especialmente valorado por personas que viven solas o buscan una actividad sin presión competitiva.
El crecimiento de estas disciplinas también refleja un cambio cultural. Durante décadas, la salud estuvo asociada a la medicina solo cuando aparecía la enfermedad. Hoy comienza a instalarse la prevención cotidiana.
Hace veinte años, el yoga parecía extraño en ciudades pequeñas. Hoy, es habitual. El Tai Chi Chuan y el Qi Gong recorren un camino similar.
En esencia, proponen algo simple: desacelerar, volver a sentir el cuerpo, coordinar la respiración y liberar tensiones.
La imagen puede parecer menor, un grupo moviéndose lentamente en un salón, pero plantea una pregunta profunda: ¿cuándo fue la última vez que alguien se movió sin apuro?
En un mundo donde todo sucede rápido, aprender a moverse lento es un acto de salud.
Las consultas pueden realizarse al 3534 223031, pero quienes ya comenzaron coinciden: la mejor forma de entenderlo no es leerlo, sino probarlo.
Porque a veces la medicina no llega en una pastilla; llega en una respiración profunda y en pasos lentos.