Pintar en la era digital: un refugio para la creatividad

Por Redacción hdo.com.ar

Cada vez más personas intentan ponerle límites al uso excesivo de la tecnología y recuperar prácticas que durante años parecían haber quedado relegadas por las pantallas. Y, en medio de ese despertar colectivo, las actividades artísticas y manuales empiezan a ocupar (hoy más que nunca) un lugar central.
Lejos de una mirada apocalíptica sobre la tecnología, lo que empieza a observarse es una toma de conciencia progresiva, una necesidad humana de equilibrio. Frente a jornadas atravesadas por notificaciones, estímulos constantes y ansiedad, crece el interés por experiencias más lentas y reales, espacios donde las manos vuelvan a tener protagonismo.
La docente y artista Itatí "Tati" Cerino, creadora del Taller de Arte Pinceladas, observa ese fenómeno. Desde 2007 trabaja con niños y adultos en espacios de arte, y asegura que en los últimos tiempos la necesidad de volver a lo manual se volvió mucho más evidente. "Noto cada vez más la necesidad de volver a lo manual, a crear con las manos, a construir, a tomarse los tiempos para uno mismo", expresó.
La escena se repite. Personas que llegan a su taller buscando aprender a pintar y terminan encontrando algo más profundo: un momento de pausa.
Ella asegura que ese cambio puede verse tanto en adultos como en niños. "Las personas llegan con ansiedad, con estrés, algunos bastante dispersos", explicó. Pero con el paso de las clases aparecen transformaciones. Los adultos descubren que el taller no es solamente un espacio para aprender pintura, sino también para relajarse y compartir con otros. En los niños, el cambio suele ser todavía más visible.
Para la docente, el arte ayuda a bajar el nivel de exigencia mental y favorece habilidades fundamentales como la paciencia, la creatividad y la autoestima.
La pintura propone algo que hoy parece revolucionario, mientras muchas plataformas digitales están diseñadas para captar atención de manera inmediata y fragmentada.
Y quizás allí aparece uno de los signos más esperanzadores de esta época: la sociedad comienza a comprender que no todo avance tecnológico necesariamente mejora la calidad de vida.

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En los chicos, además, la pintura estimula la imaginación y fortalece la capacidad de concentración. En los adultos, permite frenar la rutina y reencontrarse con algo simple y creativo. Lo interesante es que muchas personas llegan creyendo que no tienen talento. "Piensan que no pueden, que no saben dibujar", contó la artista. Pero con el tiempo descubren que el arte no depende solamente de la técnica.
"La confianza, la libertad y el disfrute aparecen cuando uno se anima a crear", señaló. Y allí surge quizás uno de los aspectos más valiosos del arte: la posibilidad de expresarse sin la presión de competir, algo que nuestra sociedad necesita imperiosamente.
En el Taller Pinceladas conviven niños, adolescentes y adultos. Cada uno con sus historias y sus tiempos. Sin embargo, la pintura genera algo que atraviesa edades y diferencias. "Todos encuentran un lenguaje común para crear y expresar lo que cada uno quiere desde la experiencia y desde la sensibilidad", sostuvo.
Ese clima también propone una manera distinta de relacionarse con los demás en la era de la desconexión social. La docente remarca especialmente la importancia de enseñar a mirar el trabajo ajeno. En una sociedad atravesada por la comparación constante y la exposición permanente, el taller intenta construir otra lógica: una mirada más humana y empática. "El arte ayuda a ser empático con el otro", destacó.
Mientras el mundo digital continúa avanzando, en paralelo empieza a crecer una conciencia colectiva que busca recuperar el equilibrio y la conexión con lo más profundo del ser humano. Y en pequeños espacios como el Taller Pinceladas, ese contraste ya puede verse de manera natural.