Juegos que buscan alejar a los niños de las pantallas

Por hdo.com.ar

Notamos un giro interesante en donde los padres toman cada vez más conciencia sobre la importancia de alejar a los niños de las pantallas a la hora de jugar. En "Hipercotillón" muchos adultos buscan contribuir con una infancia más saludable. Allí aparecen padres que preguntan por masas, bloques, rompecabezas o pelotas. Buscan otra cosa. Quieren que sus hijos jueguen más y deslicen menos el dedo sobre una pantalla.
El cambio no nació de una moda, llegó después de noches con poco descanso, chicos irritables, berrinches intensos y dificultades para sostener la atención. Muchas familias ya conocen las advertencias de pediatras y especialistas sobre el exceso de dispositivos durante la infancia. La preocupación dejó de ser un debate lejano para entrar a la cocina, al dormitorio y hasta a la mesa familiar.
Sobre Avenida San Martín, frente a la plaza, la juguetería local empezó a notar ese cambio. "Muchos padres ya vienen convencidos de no regalar pantallas porque conocen las consecuencias del exceso", explicó Julieta González Rover, representante del emprendimiento orientado a las infancias, entre otros rubros.
La escena se repite seguido. Entran adultos jóvenes buscando juguetes simples. Algunos preguntan por objetos para estimular el movimiento. Otros buscan materiales para dibujar, construir o inventar historias. También aparecen abuelos con listas precisas enviadas por los padres: menos pantallas, más juego físico.
Julieta cuenta que muchas consultas ya no giran solamente alrededor del precio o de la moda del momento. Los adultos preguntan qué juguete conviene según la edad, cuánto tiempo puede mantener la atención de un niño o qué opciones sirven para compartir en familia. "Elegir un juguete es mucho más que comprar algo para entretenerlos un rato", explicó.
Para ella, el juego físico sigue siendo irremplazable porque involucra movimiento, imaginación y contacto real con los objetos. "Los juguetes son herramientas con las que los niños descubren el mundo y aprenden a gestionar emociones", señaló.
Durante el primer año de vida, por ejemplo, el interés suele concentrarse en objetos blandos, colores fuertes y texturas distintas. Sonajeros, libros de tela y peluches acompañan una etapa donde el bebé aprende mirando, tocando y escuchando. En el local aseguran que muchos padres buscan especialmente peluches de apego para acompañar la hora del sueño. Algunos chicos terminan llevándolos a todos lados, como si fueran una extensión de su propia seguridad cotidiana.
En esa etapa también aparecen las alfombras de actividades con contrastes visuales y diferentes superficies para tocar. Ella explica que muchos bebés pasan largos ratos explorando pequeñas diferencias de color, sonido o textura. El juego todavía no tiene reglas ni desafíos; se parece más a un descubrimiento permanente.
A los dos años aparece otra postal: chicos empujando carritos, derribando torres o moldeando masa con las manos llenas de colores. Julieta sostiene que las masas y materiales táctiles siguen siendo muy elegidos porque ayudan a trabajar el movimiento fino de las manos y permiten descargar energía de forma concreta. También observan que muchos chicos se sienten atraídos por figuras de animales o bebés porque empiezan a reconocer vínculos y escenas de cuidado.
En esa edad los juguetes de arrastre y encastre ocupan buena parte de las búsquedas. Los chicos quieren mover cosas, abrir, cerrar, meter piezas y volver a sacarlas. El cuerpo empieza a dominar gran parte de la experiencia de juego. "A veces los adultos creen que están haciendo siempre lo mismo, pero en realidad están practicando movimientos y entendiendo cómo funciona lo que tienen alrededor", comentó.
Más adelante llegan los disfraces, las cocinitas y los juegos de imitación. Allí empiezan a ensayar escenas de la vida diaria. Inventan conversaciones, repiten frases de los adultos y descargan enojo golpeando un tambor o lanzando una pelota blanda. "Hay edades donde los berrinches aparecen porque los niños sienten mucho más de lo que pueden expresar", explicó Julieta.

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Por eso en el local empezaron a notar un interés creciente por juguetes vinculados a la descarga física. Pelotas blandas, bancos de madera para golpear piezas o pequeños instrumentos aparecen como formas concretas de liberar energía sin recurrir a una pantalla que inmoviliza durante horas.
En esa etapa también crecieron las consultas por juguetes vinculados al descanso nocturno. Uno de los productos más pedidos son los proyectores de estrellas para dormitorios infantiles. Muchas familias los utilizan para bajar la intensidad antes de dormir y generar un ambiente más tranquilo después de varias horas de estímulos digitales. "Muchos padres nos cuentan que los chicos llegan muy acelerados a la noche", señaló.
Con el ingreso a la primaria cambia otra vez el escenario. Empiezan a ganar lugar los juegos con reglas, las cartas, los desafíos de memoria y los kits de construcción más complejos. Los chicos ya buscan compartir actividades con amigos o hermanos y aparecen los primeros intereses ligados a la estrategia y la competencia.
La discusión sobre las pantallas atraviesa cada vez más hogares. La pediatría moderna recomienda evitar celulares y tablets recreativas antes de los dos años. Entre los 2 y 5 años, el límite sugerido ronda una hora diaria y con supervisión adulta. Después, el desafío pasa por fijar horarios claros para que el celular no avance sobre el sueño, la actividad física o las charlas cara a cara.
Los efectos del abuso digital aparecen rápido. Padres mencionan dificultades para dormir, despertares nocturnos, enojo ante límites mínimos y poca tolerancia al aburrimiento.
Julieta explica que muchas familias llegan al local cansadas de negociar todos los días con el teléfono. Sin embargo, la vida diaria rara vez se parece a los manuales. "Hay días donde necesitás cocinar, trabajar o simplemente respirar unos minutos", reconoció.
También cambiaron los regalos para los más grandes. Entre los 9 y 12 años aparecen juegos de estrategia, kits de ciencia, manualidades complejas y artículos deportivos. Algunos chicos empiezan a pedir parlantes, auriculares o termos para compartir mates en la plaza. Ya no buscan únicamente juguetes infantiles; buscan objetos que acompañen sus nuevos intereses.
Ella cuenta que esa edad suele ser una de las más difíciles para elegir regalos. Muchos chicos empiezan a dejar atrás los juguetes clásicos, pero todavía necesitan propuestas que los saquen del encierro digital. Por eso crecieron las consultas por juegos grupales, kits de robótica y objetos para compartir tiempo con amigos fuera de la pantalla.
En el comercio aseguran que hay un detalle que se repite en muchos clientes: los padres valoran cada vez más aquellos juguetes que generan conversación y participación entre varias personas. Juegos de cartas, tableros o desafíos grupales aparecen como excusas para compartir tiempo juntos lejos del celular.
En medio de un mercado lleno de estímulos luminosos y sonidos automáticos, muchos padres parecen volver a una pregunta básica: qué cosas ayudan realmente a crecer a un chico. La respuesta no siempre está en lo más costoso ni en lo más moderno. A veces aparece en algo mucho más sencillo: un juguete usado con tiempo, movimiento y alguien dispuesto a sentarse en el piso para jugar.