Ropa usada: ¿moda o salida ante la crisis?

Por hdo.com.ar

María Belén Silvestro es una referente local en materia de moda circular. Desde hace más de doce años observa cómo cambian los hábitos de consumo y cómo una prenda que alguna vez tuvo un dueño puede encontrar una segunda oportunidad. En ese recorrido fue testigo de una transformación: las ferias americanas dejaron de ser un recurso reservado para tiempos difíciles y pasaron a convertirse en un espacio donde conviven el ahorro, la sustentabilidad y una nueva forma de consumir.
La pregunta sigue abierta. ¿La ropa usada llegó para quedarse como una tendencia o es simplemente una respuesta frente a la pérdida del poder adquisitivo? La realidad parece combinar ambas explicaciones. En medio del invierno y de una economía que obliga a revisar cada gasto, estos espacios ganan protagonismo.
En la Feria Americana Amore, ubicada en Boulevard Moreno y Alem (con ingreso por Alem), se consiguen prendas desde apenas 1.000 pesos hasta unos 20.000. Hay sweaters por alrededor de 5.000 pesos, jeans a 7.000 y una amplia variedad de calzados. Un par de botas usadas puede comprarse entre 6.000 y 8.000 pesos, mientras que las botas nuevas, provenientes de remanentes de comercios, cuestan entre 15.000 y 20.000 pesos.
Los precios explican buena parte del fenómeno. Mientras los alimentos absorben una porción cada vez mayor del presupuesto familiar, la ropa se convirtió en un gasto relativamente accesible, permitiendo renovar el guardarropa sin realizar grandes desembolsos.
Pero el crecimiento de las ferias no responde únicamente a la crisis. También refleja el avance de la economía circular. Una prenda extiende su vida útil al pasar de un dueño a otro, reduciendo el desperdicio y generando un circuito del que participan tanto vecinos como comercios. En Amore, además de ropa usada, se venden prendas nuevas que provienen de liquidaciones de negocios locales. Lo mismo ocurre con parte del calzado nuevo, que llega desde remanentes comerciales.
Las ferias también cambiaron su público. Hoy son visitadas por personas de distintas posiciones económicas. Algunos buscan resolver una necesidad urgente al menor costo posible y otros aprovechan para vestir prendas originales que difícilmente volverán a encontrarse. Esa característica resulta especialmente atractiva para muchas jóvenes de entre 15 y 25 años, interesadas en renovar constantemente su vestuario.

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La mercadería cambia permanentemente entre el depósito y los percheros, por lo que cada visita ofrece novedades. Los días de mayor movimiento llegan con las liquidaciones sorpresa, anunciadas por WhatsApp e Instagram, donde los descuentos alcanzan el 50 por ciento. "Tengo muchas familias que cuando hacemos la liquidación vienen y compran en cantidad", cuenta María Belén.
La propietaria también observa un cambio en los hábitos de consumo. "La gente se cuida más con los gastos", resume. Al mismo tiempo, reconoce que la falta de espacio obliga a seleccionar constantemente las prendas en exhibición. "Hay veces que no nos da el espacio y también en la feria se ve cómo la crisis afecta a las personas. Ahora estamos reponiendo toda la ropa de invierno", explica.
La renovación incluye un costado solidario. Las prendas que ya no encuentran salida comercial son donadas a comunidades necesitadas del norte argentino. Además de ayudar a quienes las reciben, ese gesto permite liberar espacio para incorporar nueva mercadería.
La Feria Amore, cuyo teléfono de contacto es 3535081323, funciona desde hace más de doce años y abre los martes y jueves, de 10 a 12 y de 17 a 19.30 durante el invierno. Su permanencia demuestra que las ferias americanas dejaron de ser una alternativa ocasional para convertirse en parte de una nueva forma de consumir.
Quizá la respuesta al dilema del título sea que representan ambas cosas al mismo tiempo. Son una salida para quienes necesitan cuidar cada peso, pero también un ejemplo de economía circular donde participan vecinos y comercios, una oportunidad para acceder a prendas de calidad a bajo costo y un modelo de consumo que parece haber llegado para quedarse.