En menos de un año, la tecnología comenzó a ganar espacio en los lotes de la zona. El ingeniero Nicolás Gallo, de 38 años, fue uno de los primeros en impulsar localmente su utilización y asegura que el crecimiento recién comienza. En Hernando ya habría unos 20 equipos destinados a tareas agrícolas.
Hasta hace poco, después de una lluvia importante había trabajos que simplemente debían esperar. La pulverizadora no podía ingresar porque el suelo estaba demasiado húmedo y el paso de la maquinaria dejaba inevitablemente sus huellas sobre el cultivo. Esa escena, conocida por generaciones de productores de Hernando, empieza a tener una alternativa que hasta hace algunos años parecía lejana: grandes drones agrícolas capaces de despegar desde la cabecera de un lote y realizar una aplicación sin apoyar una sola rueda sobre la tierra. En menos de un año, estas aeronaves comenzaron a incorporarse a la actividad agropecuaria local y todo indica que lo que hoy todavía llama la atención pronto podría formar parte habitual del paisaje rural.
Uno de los primeros en advertir esa oportunidad fue el ingeniero Nicolás Gallo, de 38 años, quien impulsó en Hernando HDO Drones (3535622934), una empresa dedicada a la prestación del servicio con equipos propios, venta de drones agrícolas, capacitación, reparación y mantenimiento. Gallo comenzó ofreciendo una tecnología prácticamente nueva para el mercado local y actualmente puede trabajar incluso con dos drones volando simultáneamente. Pero quizá el dato más revelador esté entre los productores que decidieron comprar sus propios equipos: según estima, en Hernando ya existen alrededor de 20 drones agrícolas, incorporados en buena medida por hombres de campo que resolvieron invertir y capacitarse en una herramienta cuyo crecimiento, sostiene, recién comienza.
La zona reúne condiciones especialmente favorables para ese salto tecnológico. Hernando se encuentra dentro de una región de alto potencial agrícola, con productores acostumbrados a incorporar innovaciones y una fuerte presencia del maní, un cultivo en el que evitar daños y realizar las aplicaciones en el momento adecuado puede resultar decisivo. Allí aparece una de las ventajas más visibles del dron: mientras una pulverizadora convencional depende del estado del suelo para ingresar, la aeronave trabaja desde el aire. Si llovió esta noche, mañana puedo entrar al lote, resume Gallo. Esa independencia permite intervenir cuando una aplicación no puede demorarse, incluso con terrenos húmedos donde una máquina terrestre tendría dificultades para circular.
Existe además otro costo de la pulverización convencional que durante mucho tiempo se asumió como inevitable: las plantas que quedan debajo de las ruedas. A partir de mediciones realizadas por ellos mismos, Gallo estima que una pulverizadora terrestre puede pisar hasta aproximadamente un 3 por ciento del cultivo en pie. En cien hectáreas, significaría el equivalente a tres hectáreas afectadas por las huellas que atraviesan el lote. El dron elimina ese tránsito y abre una alternativa particularmente atractiva cuando el cultivo ya está desarrollado o las condiciones del terreno vuelven inconveniente el ingreso de equipos pesados.
La otra transformación ocurre con el agua. Según explica Gallo, determinadas aplicaciones con drones trabajan con alrededor de 8 a 10 litros por hectárea, frente a volúmenes que tradicionalmente podían ubicarse entre los 80 y 100 litros. No significa simplemente cargar menos líquido: se trata de una modalidad diferente que exige conocimientos sobre productos, condiciones ambientales, configuración del equipo y características del cultivo. Por eso, comprar un dron no convierte automáticamente a alguien en operador. HDO Drones realiza capacitaciones que combinan teoría y práctica, además de entrega técnica, reparación y mantenimiento. Es una aeronave que está en el aire; no se puede usar como cualquier maquinaria que va por el suelo. No hay margen para el error, explica Gallo, quien considera que la falta de operadores preparados constituye todavía uno de los límites para una expansión más acelerada.
Por ahora, los drones conviven con pulverizadoras y otras máquinas que continúan siendo fundamentales en el campo, aunque Gallo está convencido de que esa relación comenzará a modificarse. También existen equipos destinados al mapeo, capaces de obtener información sobre los lotes, analizar el estado de las plantas o realizar conteos, una dimensión que acerca todavía más estas aeronaves al universo de la agricultura de precisión.
La noticia, entonces, no es solamente que un dron pueda pulverizar un campo, sino la velocidad con la que una tecnología prácticamente inexistente en Hernando hasta hace menos de un año comenzó a ser adoptada por productores locales.